Un estradense en el universo Netflix

Rocío García Martínez
rocío garcía A ESTRADA / LA VOZ

DEZA

El guionista Víctor Sierra es uno de los productores ejecutivos de «Baruca», la nueva serie que está rodando en Madrid el gigante del entretenimiento

29 ago 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

La nueva serie española de Netflix tiene acento estradense. Lleva por título Baruca y transcurre en una prisión psiquiátrica tomada por un grupo de hombres armados con el objetivo de capturar a un asesino en serie. La trama ha sido creada por el estradense Víctor Sierra codo a codo con el también gallego Xosé Morais, con el que el ya había trabajado en proyectos como Serramoura, Viradeira o Néboa. Juntos desarrollaron la idea y el guion de la serie, organizada en seis capítulos que empezaron a rodarse en junio. Sierra y Morais son además productores ejecutivos de la serie junto a Gonzalo Salazar-Simpson, mientras que el director es Óscar Pedraza (Patria y Sky Rojo), con el que los gallegos ya habían trabajado en El final del Camino y Viradeira.

Para hacer el seguimiento del rodaje de Baruca, Víctor Sierra se ha trasladado a Madrid, donde reside desde mayo, con escapadas puntuales a A Estrada para huir del asfalto humeante y disfrutar de las ventajas del pueblo. «Vengo una vez al mes para no olvidarme de cómo están las calles», bromea. Para eso y para disfrutar de la comida con sabor auténtico, porque en Madrid no ha encontrado nada parecido. De todas formas, ha dado con la fórmula para sobrellevar el exilio. «Mi madre me manda cajas de tomates y lechuga de su huerta de San Pedro», reconoce riendo.

La relación de Víctor Sierra con Netflix comenzó hace dos años. Al acabar Néboa, la multinacional lo llamó para trabajar en una serie. Tiempo después, en pleno confinamiento, Netflix confió en él y en Morais para desarrollar un proyecto de creación propia. «Fue un trabajo intenso, pero en aquellos días no había mucho más que hacer y estuvimos completamente centrados en eso. En medio de aquella sensación general de que el mundo iba a acabarse no fue solo trabajo, tuvo también un valor terapéutico», cuenta el guionista.