El virus se llevó por delante a una octogenaria a la que cuidaba la empresaria y que fue una de las primeras víctimas del covid en el concello
12 mar 2021 . Actualizado a las 05:00 h.La primera ola del coronavirus apenas tocó Forcarei. La segunda también pasó casi desapercibida. La tercera, en cambio, fue un auténtico tsunami que trastocó las vidas de decenas de vecinos y que se cobró las primeras víctimas de covid-19 en el municipio.
Rosa María Álvarez es una de tantos forcaricenses que tuvieron que lidiar con el virus. A diferencia de otros, ella no tiene inconveniente en hablar públicamente de lo que se comenta en todos los corrillos. Ni en llamar a las cosas por su nombre. El coronavirus está ahí. Y le toca a cualquiera, por más precaución que se tenga. «Na nosa familia tivémolo todos. Non se salvou un», explica desde la barra del restaurante que regenta la familia y que acaba de reabrir sus puertas esta semana.
Después de la relajación navideña de las restricciones, la Xunta decretó el cierre de la hostelería el 20 de enero. Sin embargo, el negocio que regentan Rosa y su familia -el restaurante Millenium de Soutelo- tuvo que echar el cierre ya dos días antes al dar positivos los tres trabajadores que ahora llevan las riendas.
En Forcarei el virus circulaba entonces sin control y es difícil saber cómo llegó a la familia de Rosa. «O primeiro en notar síntomas foi o meu sogro, que ten 78 anos. Notouse baixo, cansado e xa o levaron a facer unha PCR a unha clínica privada en Lalín porque xa había casos no pobo e queriamos descartar. Pero el non foi o que trouxo o virus porque non sae a ningún sitio. Vai da súa casa a atender aos seus bichos en Millerada», explica Rosa. «Poidemos ser calquera», dice.
Tras el positivo de su suegro, todos se confinaron. Se hicieron las pruebas su suegra, ella, su marido y su hija. «Nese momento ningún tiña nada. Estabamos todos perfectos, pero demos todos positivos. Á miña sogra tempo despois marcháronlle as ganas de comer e tivo algo de gastroenterite», explica Rosa. «O resto nada», cuenta.
En el restaurante Rosa trabaja codo a codo con su suegra y con su cuñado, así que la familia de este último -otros cuatro miembros- también se hizo la prueba. Ocurrió lo mismo. Todos positivos. Y eso que la cuñada de Rosa es sanitaria y ya tenía la primera dosis de la vacuna.
Rosa, sus cuñados y sus suegros conforman tres núcleos de convivencia distintos, pero el negocio familiar les vincula a todos. Aún así no deja de ser llamativo que ningún miembro se librase del covid, como tampoco lo hizo la tía de Rosa, Pilar Couceiro, que acabó falleciendo víctima del coronavirus. «Ela vivía en Presqueiras e tiña 82 anos. Tiña os seus achaques pero estaba ben. Eu ía todos os días coidala. Leveillo eu», dice Rosa apesadumbrada. «Entrou no hospital o 19 de xaneiro e morreu o 28. Nin puidemos ir vela nin falar con ela. Só che daban o parte médico. Só puidemos ir ao enterro, porque xa nos deran a alta. Sequera enterrámola, aínda que sen vela. É moi triste», dice Rosa. «Non sei que cepa nos tocou, pero infectámonos once da familia», lamenta.
«Ao estar todos confinados, á vez non podiamos botar unha man uns aos outros. Para comprar chamabamos ao súper e deixábannos a compra na porta. Tivemos moitas chamadas de apoio, pero ao estar aí encerrado fáltache a vida», dice.
Recelo superado
Al volver a la rutina, Rosa notó en alguna ocasión cierto recelo de la gente. «Sentíaste un pouco apestado. Por iso tiña medo a ver que pasaría ao reabrir o restaurante, pero a verdade é que a resposta foi boa. Xa van alá dous meses desde que tivemos o covid e ademais houbo moita xente contaxiada coma nós que sabe o que é», cuenta la hostelera. Superado el bache, la familia pondrá ahora toda la carne en el asador para mantener a flote el negocio. «A ver se damos saído desta. Non está sendo fácil», dice Rosa.