La estradense imparte el día 1 un taller de dibujo meditativo que combate el estrés y hasta mejora el ánimo
21 nov 2018 . Actualizado a las 08:09 h.Con dos horas de espera por delante en una cita del hospital hay quien se desespera repasando las letras y números de la pantalla de citas y hay quien le agota la batería al móvil. Esmeralda Fandiño no está ni en uno ni en otro grupo. Ella saca su libreta y su rotulador y consigue relajarse con el dibujo meditativo.
La estradense conoció el método zentangle casi de casualidad, pero ahora ya forma parte imprescindible de su vida. «Todos los días le dedico un rato. Todos necesitamos tener un rato para nosotros mismos. Si decido ponerme solo a meditar no lo consigo, pero cuando me pongo a dibujar consigo concentrarme y estar solo a eso», explica.
Esmeralda llegó al dibujo meditativo a través de la docencia. Aunque también tiene un contrastante pasado como química. Estudió ingeniería química y trabajó nueve años en una consultora ambiental, en cuestiones relacionadas con la calidad del aire. Un buen día la llamaron del INEM y pudo dar el salto a la docencia. Estaba habilitada como profesora de muchas materias, pero le tocó dar clase de Educación plástica, visual y audiovisual. Para completar su formación, Esmeralda empezó a acudir a acudir a todo tipo de cursos relacionados con la materia. Uno de ellos fue el de dibujo meditativo, en el que descubrió una gran herramienta para sus clases y un gran aliado para su vida. «En colegios de Estados Unidos ya está implantado. Con los niños es muy útil para bajar el ritmo cuando están muy acelerados», explica.
Esmeralda ha probado el sistema con sus alumnos del colegio Lourdes y ha comprobado que funciona. «En los niños de Infantil ayuda a mejorar el trazo, pero además se consigue calma y, con ayuda de la música, incluso silencio», explica.
«Es una técnica muy sencilla. No se requieren conocimientos previos de dibujo ni ser muy habilidoso y aporta bienestar y calma. Hasta es capaz de cambiar el estado de ánimo porque siempre queda bonito», cuenta. Solo se necesita una cuartilla y un rotulador. «La gente siempre me pregunta si no hace falta goma. No se usa porque aquí no hay fallos. Es como en la vida. Lo que creemos que es un fallo es la oportunidad para hacer algo más bonito o mejor. La vida tampoco te permite borrar», cuenta.
Su taller será el sábado 1 de diciembre de 17.00 a 19.00 horas en el espacio Catro Elefantes.