El fotógrafo Pedro Brey, de A Estrada, es uno de los protagonistas en una obra de la investigadora Virginia de la Cruz sobre estas imágenes
19 ene 2014 . Actualizado a las 07:00 h.La fotografía de difuntos tuvo un importante peso en Galicia a finales del siglo XIX y la primera mitad del XX. Algo desacostumbrado en nuestros días, gozaba de arraigo en esas épocas como reflejo, por ejemplo, de la relevancia social que tenían los velatorios y entierros a los que no faltaban los fotógrafos. Un libro recientemente editado por Temporae recoge imágenes de época de personas fallecidas, con diversos trabajos del estradense Pedro Brey Guerra.
La publicación incluye obras de Brey Guerra fechadas entre 1915 y 1930 aproximadamente. «El retrato y la muerte. La tradición de la fotografía post mortem en España» se titula el libro que resume el trabajo desarrollado en su tesis doctoral por Virginia de la Cruz Lichet (Chartres, 1978). Aunque aborda este tipo de imágenes en todo el territorio nacional, Galicia cuenta con gran protagonismo, ya que la investigadora recorrió archivos de instituciones gallegas, entre ellas el Museo Provincial de Pontevedra el CGAI, así como colecciones particulares.
En el libro aparecen publicadas un total de 175 fotografías, así como 10 documentos originales. Además de imágenes de retratistas españoles también hay materiales de Francia o Estados Unidos.
Las imágenes de niños tienen protagonismo en la obra, en el caso gallego por los muchos fallecimientos durante la epidemia del sarampión de 1893. El aumento de las imágenes post mortem se produjo sobre todo a partir de 1850, como recoge Virginia de la Cruz en el libro, al inventarse el formato tarjeta de visita y democratizarse la fotografía. Para muchas familias, la muerte de un ser querido era reflejada en una instantánea para perpetuar su recuerdo al no poseer ningún retrato suyo. En otras ocasiones servían para atestiguar de forma oficial el fallecimiento de la persona e incluso se envían a familiares en la emigración.
La autora además de incluir a Pedro Brey también alude en su publicación a otro fotógrafo de la zona, en este caso al popular Virxilio Viéitez, en cuyo archivo encontró imágenes de difuntos en el 2004. Como refleja en el epílogo, De la Cruz apuesta por ver estos retratos no como representación de la muerte sino «como una imagen superviviente», de permanencia entre los vivos.
Reportaje un libro recoge retratos de época de los difuntos