El sereno encanto de Carboeiro

m. garabantes

DEZA

MARCOS MÍGUEZ

1Si buscamos referentes ineludibles para descubrir pasado y presente de Deza no podemos obviar de la lista, y lugares de privilegio, al monasterio de Carboeiro. El encanto de la naturaleza que circunda la construcción románica, los rumores y el frescor del agua, la solemnidad de la piedra, el frío atemperado de sus interiores, la belleza pétrea,... Podríamos encontrar otros múltiples argumentos para marcar en rojo en el mapa de nuestras visitas obligatorias en la comarca. Ayer hubo quien aprovechó el acceso gratuito al recinto monacal para conocerlo por primera vez o para repetir experiencia entre sus muros. Durante toda la jornada festiva fue constante el goteo de vehículos que se acercaban hasta el cenobio, pese a las altas temperaturas reinantes por la mañana, refrescadas después a golpe de tormenta por la tarde. Entre los noveles estaba Manuel Tobío, un gallego que emigró a tierras argentinas en 1957. Medio siglo después, en el 2007 regresó desde Buenos Aires por primera vez. En una nueva estancia en su Galicia natal incluyó una parada en Carboeiro, videocámara en ristre, fascinado por la grandiosidad del monasterio. En el exterior los niños corrían a sus anchas mientras sus familiares buscaban el frescor, esos grados de frescor a cobijo del edificio monacal, recorriendo sus rincones, cripta incluida. Como apuntaba la persona encargada de abrir el cenobio y atender al público, no hubo avalancha en el Día da Patria Galega pero sí un ir y venir de gente. Algunos tras darse un chapuzón en el río cercano, otros directamente interesados en el patrimonio arquitectónico o la religiosidad que desprende el cenobio románico. Los motivos pueden ser múltiples, con o sin tarifa gratuita de por medio. Pero cualquiera de ellos o su conjunto resultan suficientes para anotar en nuestro calendario al menos una visita al año. Más si se puede, siempre hay algo que nos puede sorprender.