Con Manuel Garea a los fogones, la cocina de la Casa da Xuventude de Lalín se convierte estos días una escuela donde los jóvenes aprenden los secretos de este arte
21 nov 2010 . Actualizado a las 02:00 h.En las blancas mesas de una de las salas de la Casa da Xuventude de Lalín se sientan como si de una mesa redonda se tratara veintidós aplicados alumnos, el número máximo que permite el curso, que armados de libreta, apuntes y bolígrafo siguen las enseñanzas de Manuel Garea.
Este joven cocinero de Boimorto atesora a sus 23 años una importante formación en la Escuela de Hostelería de Santiago y en las cocinas del Hostal de los Reyes Católicos, distintas casas de turismo rural y en el hotel Porta do Camiño, en la capital compostelana, donde en la actualidad realiza prácticas.
Jóvenes son también sus alumnos, chicos y chicas con edades comprendidas entre los 18 y los 35 años que siguen este curso de treinta horas de duración organizado por la Oficina de Información Xuvenil de Lalín.
Clases teóricas y prácticas
El pasado viernes, de siete de la tarde a diez de la noche, se celebró la segunda de las clases. Tocaba descubrir los secretos del chocolate y otras delicias. Las enseñanzas teórico-prácticas incluyen la elaboración de alguna receta. La de ese día era el brazo de gitano, pero antes de saborearlo era necesario descubrir los secretos de la elaboración del bizcocho y la crema.
Por la mesa de la cocina de la Casa da Xuventude fueron desfilando los ingredientes manejados con habilidad por Manuel Garea.
Este recomienda a los interesados en convertirse en cocineros o dedicarse a la restauración la constancia, «ir a unha escola para adquirir unhas bóas bases». Reconoce que «a hostelería é moi dura pero da tamén moitas satisfaccións».
Manuel Garea cuenta que le gustó la cocina desde siempre y desde los cinco años se metía ya en la cocina aprendiendo de sus abuelas y de su madre. De esos sabores de infancia que uno nunca olvida se queda con el de «a leite frita que facía unha señora que xa morreu e varios platos máis, as filloas, ou as chulas que foi unha das cousas que aprendín da miña abóa». Apasionado de la repostería y de la panadería explica que su especialidad son «os melindres, de Melide, por suposto». Cuando uno le pregunta por la receta, la respuesta como buen maestro se la guarda. «É secreta», dice.
Con un amigo cocinero reconoce que en las reuniones familiares le toca muchas veces ponerse a los fogones. Estas Navidades preparará la cena en Suiza a donde viaja a menudo para ver a la familia e descubrir n uevas tendencias culinarias.