Deza y Tabeirós fueron escenario de rodajes cinematográficos, en tiempos en que los vecinos interactuaban en mayor medida con los actores que llegaban a la zona
29 ago 2010 . Actualizado a las 02:00 h.La memoria colectiva es frágil: con excepciones puntuales como la de Teresa Ruibal, que recuerda todavía el rodaje de La casa de la Troya (Alejandro Pérez Lugín y Manuel Noriega, 1925) en el pazo de Oca, y años más tarde la de Sonatas (Juan Antonio Bardem, 1959), en el mismo escenario, el presente nos devora y pocas veces recordamos el pasado, aunque sea mucho más reciente que los 85 años que nos separan de la niñez de Teresa. Porque el rodaje simultáneo de La piel que habito y Piratas en pazos de A Estrada y Silleda confirma la potencialidad de la zona como plató de cine, pero una mínima vuelta atrás evidencia que la presencia de cámaras no es nueva.
Junto con el pazo de Oca, localizaciones como Carboeiro, la Fervenza do Toxa, Fontao, Taboada, Zobra o Merza han servido como lugares de rodaje desde hace décadas. Claro que aquellos rodajes poco tienen que ver con los que se realizan estos días: no es comparable el hermetismo que rodea al equipo de La piel que habito o Piratas con la posibilidad que tenían los vecinos de Oca y A Estrada de ver trabajar en directo a los actores en producciones mucho más modestas. Esperarán unos meses para observar en la pantalla del cine sus interpretaciones, aunque las más afortunadas, como Loli Torres, sepan en primera persona desde el pasado sábado lo que el público intuye desde siempre: que la amabilidad de una estrella mundial como es Antonio Banderas no es una pose, sino una cualidad innata.
Tampoco las relaciones de la prensa con los equipos de rodaje son las mismas: lejos de esperar horas para intentar hacerse con una imagen de los actores como ahora, las productoras convocaban ruedas de prensa y permitían acceder a las filmaciones a los fotógrafos de prensa.