Durante este mes los albergues de la zona vivieron llenos históricos. Pasadas las cuatro era difícil ya encontrar sitio
29 jul 2010 . Actualizado a las 02:00 h.Los pabellones, como el de Lalín, albergan ya durante semanas a grupos grandes de peregrinos, lo que contribuye a dar un respiro a los albergues de la zona que no dan abasto en las últimas semanas a recibir caminantes y ciclistas, sobre todo. No todos los días ni todas las semanas son iguales, pero los llenos se van repitiendo y es raro el día que los albergues no están llenos ya a primera hora de la tarde.
Los que se quedan sin sitio se van apañando como pueden. La semana del Apóstol fue, dice Victoria, encargada del albergue de a Laxe, «un furor».
Durante gran parte del mes de julio las albergues estuvieron saturados. En las semanas en las que se celebró el Mundial de fútbol, los peregrinos llegaban buscando un bar, si había partido, para ver el encuentro. En el albergue de Dozón, alguno se quejaba de que la proximidad del bar hacía que algunas noches fuesen especialmente ruidosas.
Si en marzo, abril o mayo, por los albergues pasaron sobre todo peregrinos extranjeros, el verano es de los españoles que son mayoría en las últimas semanas. Victoria explica que este año hay muchos que llegan caminando desde Sevilla, pero que «por aquí pasaron xa este Xacobeo de todos os países que te imaxines». A alemanes y franceses, se añaden de todo tipo de nacionalidades, incluidas algunas poco usuales para los peregrinos de otros años como turcos o israelíes.
Pese a que la Vía da Prata junto con el Camino Primitivo son de las rutas más duras para el caminante, la saturación del Camino Francés hace que este año santo muchos elijan la Vía da Prata. En A Laxe un voluntario del Xacobeo se encarga también de atender a los que llegan.
Estos días en los albergues se habla sobre todo español «e ata hai moitos galegos», señala Victoria. Gallegos de todas partes, incluso de Santiago, que no renuncian a vivir esta experiencia única, aunque partan de la meta de su viaje.
Este mes, entre los que pasaron por estas tierras y a los que les tocaron unos días especialmente calurosos había muchos que se preguntaba si este es el clima habitual en verano. Hubo también al que le cayó alguna que otra tormenta y quien por falta de espacio tuvo que acoplarse en un porche cubierto en Dozón.