Seis niños saharauis pasan julio y agosto con familias de A Estrada por el programa de acogida promovido por la Asociación de Solidaridade Galega co Pobo Saharaui
22 jul 2010 . Actualizado a las 02:00 h.Como la calima, nacidos de las arenas del Sáhara, llegaron por aire cruzando el norte del continente africano media docena de pequeños buscando las aguas gallegas y a sus familias estradenses. No es la primera vez que están en Galicia. Todos repiten experiencia y volvieron este verano con sus «mamás y papás de España», con los que han mantenido contacto telefónico durante el año. Amakaltoun, de 12 años, es de las pocas que estrena familia, aunque es la mayor del grupo y visita por quinta vez la comunidad. El sábado harán tres semanas desde que Maribel Ruiz le dio la bienvenida a A Estrada.
«Chegou desfeita polo trasiego. Foron vintecatro horas de viaxe dende o campamento de refuxiados de Tinduf, en Arxelia. Mesmo se lle quitou a fame», comenta Maribel, madre primeriza y concelleira del municipio. La edil tenía ganas de acoger a un niño saharaui desde hace tiempo, ya que vivió allí entre 1963 y 1970 y tuvo la oportunidad de conocer la zona y su gente de primera mano.
Distinto es el caso de Elena Nogueira, que ya tuvo en acogida otros dos menores antes de Gambura, que tiene 11 años de edad. «Estamos encantados. Adáptanse moi ben e teñen moita facilidade para aprender o idioma. Eles estudian o español alí como segunda lingua, e entenden todo», aseguraba la veterana.
La vecina de Curantes recuerda con ilusión al primer niño saharaui con el que pasó el verano: «O primeiro día que choveu acabábao de duchar e de poñer guapo, e ao ver a chuvia saliu fóra e púxose a bailar e a cantar debaixo da auga».
Fascinación por el agua
Son muchas las cosas que impactan a los pequeños cuando llegan a España: las escaleras mecánicas, los árboles, la altura de las viviendas, los camiones cargados de turismos, entre muchas otras cosas. Pero si hay algo que les apasione es todo lo relacionado con el agua, el bien más preciado en la frontera con el desierto del Sáhara. Las piscinas, ríos y playas son la debilidad de los niños. Y los grifos, instrumentos casi mágicos.
Gambura celebró su undécimo cumpleaños en la playa fluvial de Liñares. Y Abdalah, de 10 años, pasa prácticamente todo el verano en la caravana que su familia adoptiva tiene en la playa arousana de Terrón.
«Desde que llegó estaba deseando marchar a la playa. Ha aprendido a nadar y a pescar, aunque le tiene miedo a los cangrejos», explica Pilar, la hija de Elena Bahamonde, quien comparte los meses de verano con Abdalah por tercer año.
Un buen ejemplo de la fascinación que sienten los niños saharauis por todo lo relacionado con el agua es el de Abdalah, que preguntó si podía llevarse un aspersor de los que se utiliza en el riego para que viaje con él a Argelia.
«Son niños muy generosos y nada materialistas en ese sentido. Están acostumbrados a compartirlo todo. Cada vez que vamos de compras piensan en las cosas que les gustaría regalar a sus familiares», asegura Pilar, que tiene un niño de siete años -Daniel- y otra de cuatro -Elena- con los que el pequeño comparte juegos y travesuras durante los veranos.
Morriña
Si algo extrañan los pequeños en A Estrada es a sus familias. Los primeros días son los más duros. A Amakaltoun se le saltan las lágrimas cada vez que habla por teléfono con sus padres, un compromiso que todas las familias de acogida tienen con los padres biológicos. Abdalah es el primero en subirse al autobús cuando llega la hora de partir. Echa de menos a su madre Fatma, su padre Mohamed y sus cuatro hermanos. Aunque pronto empiezan a superar la pena de la separación. Al fin y al cabo, no son más que niños.