Pasó toda su vida en el anonimato de la 415 del Provincial hasta el día que falleció. Durante 80 años solo el personal médico, las monjas sor Manuela y sor Ana, y la trabajadora social de la Fundación Sálvora pasaban por su habitación para hacerle sonreír, pero desde que Agapito Pazos murió se convirtió en un mito, un mito virtual. Era natural de Lalín, lo que pocos conocían. Su repercusión mediática ha hecho que el silencioso entierro del lunes en el comentario de san Mauro cobrase fuerza en Internet. Aunque no tenía familia, ayer los admiradores se multiplicaban en el ciberespacio. La página www.rememori.com se hizo eco de la noticia y le brindó un homenaje colgando una esquela con sus datos y la edad que se suponía que tenía, 80 años, casi los que vivió entre las cuatro paredes del hospital.
Su nicho no tiene todavía la inscripción con su nombre, pero al pie se conservan las dos únicas coronas de flores que le mandaron Seguros Ocaso, la Fundación Sálvora y «su familia», el personal del Provincial. Ninguna vela real iluminó su despedida, pero más de una docena de ellas fueron encendidas ayer de forma virtual en el portal que lo homenajeo. Durante toda la mañana fueron varios ciudadanos los que se acercaron a esta web para enviar su condolencia en forma de gráfico. En la esquela, incluso, aparecía ya como Agapito Pazos Méndez. Su segundo apellido todavía fue descubierto estos días por los que durante casi 80 años le cuidaron y se enfrentaron a él para hacerle comer la sopa que tanto odiaba. La comunidad virtual se involucró con Agapito en una de las páginas más empleadas en España para publicar esquelas, de la misma forma que se hace en los periódicos tradicionales. Solo en Pontevedra más de 2.500 personas optaron por la opción digital para informar de la pérdida de sus seres queridos, mientras en Madrid está cifra alcanza los 25.000 usuarios.
Al equipo médico de Medicina Interna del Chop le cuesta olvidarse de su amigo y paciente. Y es que algunos de ellos llevaban más de 30 años dándole forma a su vida, contándole como crecía la ciudad lejos del edificio de Loureiro Crespo. Desde que su familia lo dejó en el torno giratorio del viejo hospicio en la década de los 30 hasta el año en que se firmó un nuevo hospital para la ciudad, Pazos Méndez fue testigo directo de la evolución médica, que a él nunca logró curarle de su distrofia muscular en los medios inferiores y en la mano derecha y de otros muchos achaques que apagaron su vitalidad contenida el sábado 24 de abril. Lo más visto del día. Las noticias humanas acaban calando hondo y los 80 años de angustia de Agapito así lo demostraron. Durante toda la jornada, su link en la página web de La Voz de Galicia fue el más visto del día y al cierre de esta edición había sumado cerca de 130 votos y una quincena de comentarios de solidaridad con la vida de un hombre que creció postrado en una cama, pero feliz de tener una familia de profesionales médicos. Palabras de condolencia. Humanidad, emoción, cariño... fueron las palabras que más se repitieron en las despedidas que los internautas quisieron dar de forma anónima a alguien a quien no conocían, pero cuya historia tiene la dureza de un diamante para hacerla imborrable. Muchos no pudieron contener la rabia que da conocer que solo una vez en su vida salió del Provincial para conocer la libertad, una palabra que nunca llegó a saber qué significaba en la cama dos de la habitación 415.