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En las instalaciones de Protección Civil de A Estrada las maletas siempre están hechas. Con lo mínimo, eso sí: una muda, algo de comida deshidratada, un botiquín y lo más importante, pienso para perros. Y es que el grupo de perros de rescate del organismo de Deza tarda entre 20 y 30 minutos en subirse a un avión desde que recibe la alerta de movilización para una catástrofe en cualquier punto del globo.
La labor de este grupo no podría estar de mayor actualidad. De hecho, mantuvieron hasta hace bien poco la alerta para acudir a Haití, aunque finalmente no fue necesario. Ellos, como la mayor parte de los grupos de perros de rescate del Estado, trabajan única y exclusivamente buscando personas vivas. Para eso, entrenan a sus mascotas desde que cumplen dos meses y medio y deben separarse de su madre hasta que se jubilan. Todos los días realizan entre 10 y 15 minutos de ejercicios en su hogar y además entrenan varias veces por semana. Todo, para conseguir que los perros realicen su tarea sin la menor distracción. «Lo ideal es optimizar al perro para cualquier tipo de desastre» explica Manuel González, miembro del grupo de A Estrada y secretario del grupo de salvamento de España, que ayer pasó por el estudio de RadioVoz. Hay que entrenar a los animales para que no salgan corriendo detrás de un gato o de una perra en celo, para que no se asusten, no tengan vértigo, no muerdan y, sobre todo, no coman o beban del suelo. «Si vas a Haití y comen del suelo te quedas sin perro seguro», sentencia González.
Y es que lo más sencillo, tras el proceso de socialización -sacarlo a la calle y al monte para que se habitúe al terreno, a la gente y más que nada al ruido- es enseñarle a que encuentre personas. Después, hay que entrenarlo para que se quede durante un tiempo ladrando junto a una persona sin tocarla. Un proceso complejo y para el que no vale cualquier animal. La mejor raza es el pastor belga malinois, pero su educación es muy compleja y requiere «saber de perros. Es como un Ferrari». Un gesto de su guía puede llevar al traste toda la educación previa. El grupo de A Estrada trabaja, fundamentalmente, con labradores, como Zoe, la perra de Manuel González.
Aunque la raza es un indicativo a la hora de escoger a estos perros, el carácter es fundamental. Y se sabe si un perro vale solo con separar la camada de su madre y observar. «El que se va solo es el que buscamos», explica González. Necesitan perros con autonomía, que no necesiten a su guía para continuar con su trabajo. «Tampoco te fijas en el sexo o si son bonitos o no. La mía -una perra que se llama Asia- era la más fea de la camada con diferencia», bromea José López, que es uno de los que tienen un pastor belga a su cuidado.
Y como buenos profesionales, los canes tienen que estar lo más descansados posible para estar al cien por cien si surge un problema. Tampoco pueden estar 24 horas buscando. Manuel González establece que a partir de 25 minutos de búsqueda, los perros se cansan y dejan de poner los cinco sentidos en su trabajo. Porque saben que encontrar personas no es un juego.