El Concello destinó más de 9.000 euros al ejemplar de la Cow Parade que decoró Armindo Salgueiro y que permanece encerrado desde hace dos años en el auditorio
04 oct 2009 . Actualizado a las 02:00 h.El censo de vacas de Lalín supera al padrón municipal de habitantes. No en vano el alcalde presume con razón de que es el municipio con mayor número de UGMs -Unidad de Ganado Mayor- de la comunidad gallega, tras conseguir desbancar a A Pastoriza. Y eso que en las estadísticas de Medio Rural no computa uno de los ejemplares con mayor cotización en el municipio: se trata de la vaca que llevó la imagen de Lalín a Vigo en la Cow Parade del año 2007. En febrero de aquel año se daba a conocer el precio por apadrinar la res, realizada en fibra de vidrio y con diseño del artista Pascall Knapp: 6.500 euros -IVA aparte- que incluían su exposición un mínimo de tres meses, seguro, licencias, copyright y otros conceptos.
Solo los Concellos de Vigo, como anfitrión de aquella Cow Parade, y Lalín apadrinaron sendos ejemplares del medio centenar que se exhibieron en la ciudad olívica. En la subasta celebrada el 26 de octubre del 2007, Lalín se quedó en solitario como ayuntamiento comprador de una vaca: abonó 2.800 euros, por lo que en total pagó por el ejemplar decorado por Armindo Salgueiro más de 9.300 euros.
En el auditorio
¿Y qué fue de aquella vaca, en la que el fondo verde de grelos dejaba exhibir cachuchas y chorizos para pregonar las excelencias del Cocido de Lalín? Tras pasearse, aún desnuda de ornamentos, por el museo de Lalín en su presentación en la capital dezana, se fue a las calles de Vigo luego de que los pinceles de Armindo Salgueiro transformasen sus formas albinas en una invitación gastronómica preñada de colores. Pero, ¿y después? ¿Qué pasó cuando los objetivos de las cámaras de los vigueses se cerraron y una subasta determinó su posesión por parte del Concello lalinense?
Luego de dos años, y de que Lalín olvidase la Cow Parade para promocionar su Pork Art, la vaca más cara de Lalín -a juzgar por su rendimiento- se encuentra estabulada lejos del mundanal ruido: castigada contra la pared de un desván abuhardillado del nuevo auditorio de Lalín, ajena a la promoción que vive la piara de cerditos que tuvieron en ella y en sus congéneres su fuente directa de inspiración. A la espera de un destino menos discreto, que es lo que cabría augurar a un ejemplar que costó más de 9.300 euros, que en pesetas es bastante más de millón y medio.