Marroquíes con un 10 en español

DEZA

Una veintena de norteafricanos aprenden a desenvolverse en su idioma adoptivo

19 mar 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

Cada año que pasa, A Estrada es un poco más cosmopolita. Sin llegar a ciudad, el casco urbano acoge a vecinos ajenos a las sagas familiares de estradenses «de toda la vida», a comunidades de inmigrantes con culturas, costumbres y lenguas distintas.

El colectivo marroquí ha crecido y ha demostrado una notable voluntad de integración. El idioma es un freno, pero no un stop. Van al médico de dos en dos. Lo que no entiende uno, lo completa el otro. Pero la meta es la autosuficiencia. Poder gestionar los papeleos.

Por eso una veintena de marroquíes residentes en A Estrada han decidido zambullirse en el español. Para hacerlo, han recurrido a la delegación de Cruz Roja. Ellos mismos se pusieron en contacto con los voluntarios y tantearon la posibilidad de recibir clases de español. Cruz Roja recogió el guante y organizó un curso para extranjeros con una hora semanal de docencia impartida por voluntarios. Para los hombres, las clases son por las noches, los martes. Las mujeres acuden en sesión matutina con los niños, ya que por la noche necesitan más tiempo para atender asuntos domésticos.

Una veintena de hombres y un par de mujeres están inscritos en las clases. No todos acuden regularmente. Para los hombres, las clases son después del trabajo y muchas veces no quedan fuerzas para abrir los libros. Aún así, media docena de alumnos no fallan.

El Hassane y Mohamed son dos de los fijos. Llevan año y medio en A Estrada y ocho meses en clases de español. Mohamed habla ya con fluidez y El Hassane se defiende. Ambos trabajan como soldadores y acuden a clase al terminar la jornada. Según explican, en el trabajo no tienen ocasión de practicar conversación, ya que todos sus compañeros son, además, compatriotas. Mohamed y El Hassane aprenden rápido. «Son como esponjas», asegura Manuela Gestoso, una de las profesoras.

Mohamed llegó a A Estrada con un contrato laboral y varios libros y diccionarios de español. Su mayor problema es ahora lidiar con el gallego. Todo le suena a «x». Su mujer avanza a pasos agigantados a fuerza de esforzarse. No hay noche que no repase español. Su hijo de cuatro años ha empezado al colegio. «Cada día trae una palabra nueva», explica Mohamed. Palabra a palabra, su español mejora, aunque la ilusión de la familia sigue siendo volver a Marruecos con ahorros suficientes. El Hassane, por su parte, se adapta bien y no descarta fijar residencia en A Estrada. Su próxima meta: enseñar árabe a los profesores de Cruz Roja.