Pablo García es un treintañero estradense con más alma de deportista que espíritu de peregrino. Acaba de hacer el Camino de Santiago pedaleando desde Roncesvalles en ocho días. Sus piernas aún sufren las consecuencias.
-¿Peregrino por devoción o por deporte?
-Por deporte, más bien. Llevaba desde el 2000 pensando en hacer el Camino, pero hasta este año nunca tuve el verano libre y fui aplazándolo. Este mes un amigo y yo decidimos hacerlo. A los dos nos gusta mucho la bici.
-¿Hace falta entrenamiento?
-Es conveniente entrenar un poco, pero yo la verdad no había entrenado mucho. Salía muy de vez en cuando con la bici. Por eso ahora sufro las consecuencias (se ríe).
-¿Alguna lesión?
-No, lesión no, dolores musculares. Cien kilómetros todos los días es mucho.
-¿Era alguna apuesta o es que tenían mucha prisa?
-Vimos en Internet un planning de unos ciclistas que habían hecho el Camino desde Roncesvalles en nueve días y empezamos a decir en broma que nosotros lo íbamos a hacer en menos. Después nos picamos y tuvimos que hacerlo.
-¿Pensó en abandonar en algún momento?
-¡Nunca! Nada más salir de Roncesvalles el primer día pinché tres veces, pero en vez de pensar en dejarlo pensé que era el Apóstol que nos lo quería poner difícil. Le pusimos más empeño y al final llegamos.