RASTRO DE AIRE | O |
27 feb 2007 . Actualizado a las 06:00 h.PARECE INCREÍBLE en los tiempos que corren. Vivimos en la era de la tecnología que se autosupera día a día, en la que nos anuncian controles totales sobre nuestros movimientos en carretera y en coche para posibles sanciones, por poner un ejemplo. Hasta pude escuchar los versos de las máscaras de Merza desde un altillo alejado un par de kilómetros, tanta era la nitidez y potencia de los altavoces y de las propias voces de los personajes. Con aparatejos (caros y muchos) conseguiremos que lleguen a todos los televisores señal de todos los canales. Es problema de pasta que no de tecnología. Esa, la pasta, lo caro de las cosas debe ser la misma causa para que uno pueda empezar la semana con asombro e incredulidad. Una decena de robos, invasiones de propiedad y asaltos a espacios privados, con botines cero euros, pocos euros o tan sólo algunos euros, se produjeron en el fin de semana en la comarca, en distintos municipios, en establecimientos escondidos o a pie de urbe. Parece increíble que no aparezcan tecnologías que mitiguen este tipo de situaciones, a falta de más dotación policial y pensando en serio que las tecnologías deben suplir a las personas. Parece increíble que una o varias personas, en uno o múltiples asaltos, campen como si nada por tan concurrido territorio y rompiendo tantas puertas. Parecen demasiados ataques de depredadores humanos para que sólo se entere el dueño y un vecino, por la mañana, tras la razia. Algo falla. Un asalto potente no genera sensación de indefensión, de desprotección. Conlleva estudio previo y profesionalidad en quien lo realiza. Cuando lo que nos rodea son chapucillas, la sensación de desamparo se asienta socialmente porque rompiendo tantas puertas el mismo día alguien tiene que sentir ruido. Y con tanta tecnología y policía científica, alguna solución habrá para que deje de ser increíble, para que deje de ser real tantas puertas rotas.