EL CRISOL | O |
28 sep 2006 . Actualizado a las 07:00 h.POSTURAS y sentimientos que comparten, a veces, grupos de estradenses sobre la vida municipal y acerca de los políticos o de sus vecinos más significados suponen unos lienzos idóneos para pintar realidades humanas, grandezas y miserias en esta tierra que estrujan los ríos Ulla y Umia. Son situaciones muy alejadas -porque no se juega con los miedos y las libertades- de lo que los suizos se están buscando para no perder su identidad, sus sueños o sus convencimientos. O a lo que los alemanes se van a procurar, antes o después, una vez que asimilen porqué tienen autocensura en su Opera. En los Estados Unidos, país que nos ha limpiado el trasero dos veces en el pasado siglo y que tendrá que hacerlo otra vez cuando los europeos logremos ser imbéciles del todo, ya llevan décadas preparándose para evitar lo que los suizos temen y lo que los alemanes están empezando a ver como una pesasilla. El miedo es libre, y se puede generar antes de que aparezca el diablo. De la libertad, quienes mejor pueden hablarnos son precisamente los americanos, y allí ya están cediendo intimidades y miniderechos a cambio de la seguridad. En A Estrada, los miedos son, por ahora, caseros y subjetivos, pero no se meten en el alma de la gente. Acaban de decirnos unos jueces que lo que aplicar una bonificación del rural para el IBI urbano de la villa es legal, sólo porque los concellos tienen cierta capacidad de decisión, y porque el recurso del Estado llegó fuera de plazo. Tenemos a 22.200 estradenses, y ni uno movió el trasero o la frente para reponer la legalidad. Claro que... como todos pagamos menos por el IBI.... La autocensura de la Opera alemana puede ser cosa de ocho o veintiocho personas. Aquí, ni tenemos miedo ni nos falta libertad; ni somos suizos.