EL CRISOL | O |
20 sep 2006 . Actualizado a las 07:00 h.EL AVE volará por Lalín. Visitar las zonas donde se ejecutan las obras del trazado ferroviario en el municipio transmite esta idea. No hay más que ver la altura que alcanzan los pilares de los distintos viaductos necesarios para salvar la orografía dezana. Un cambio radical en el paisaje de zonas como Botos o Abeleda, que viene a sumarse a los cortes verticales que, en las mismas zonas, dejó la construcción de la autopista AP-53. Pero entre estas dos infraestructuras mastodónticas, hay una diferencia fundamental. A cientos de metros, la vista alcanza la ruptura vertical del monte que permite intuir, metros más abajo el asfalto de la calzada de la autopista. En el caso del tren, la infraestructura es perfectamente visible: sobresalen entre las copas de los árboles los elevados pilares que habrán de soportar los viaductos de la estructura ferroviaria, para que el AVE discurra sin percibir las continuas subidas y bajadas de Galicia. En ambos casos, las similitudes están más abajo de la altura de los pilares y de los terraplenes: en los vecinos que se ven afectados, en la mayoría de las parroquias de Lalín, por la AP-53 y por el AVE. Dos infraestructuras que unen Galicia, pero que dividen Lalín y la comarca de Deza. Son los inconvenientes que traen las grandes obras, necesarias, pero que lógicamente no agradan a quienes tienen que padecerlas en primera persona. Aunque para los espectadores ocasionales sean un verdadero espectáculo de ingenería, un desafío a la gravedad que a los profanos nos resulta incomprensible de salvar. Y unas obras en las que resultan evidentes los enormes costes de ejecución. Tan evidentes que resulta incomprensible la cicatería de la Administración, en muchos casos, con los afectados en primera personas: quienes pierden tierras y casas, un pedazo de sus vidas.