Reportaje | Ruta imposible por el municipio estradense (I) El Concello atesora casonas y pazos vetados al turismo y un legado románico sólo accesible en horario de misa
26 ago 2006 . Actualizado a las 07:00 h.Pazo do Preguecido. Es una de las joyas inaccesibles de A Estrada. Su hermosa chimenea sólo se puede contemplar desde lejos Casona de Maíndo. Es la casa señorial más antigua de A Estrada, del siglo XIII. Es privada, sin régimen de visitas públicas A Estrada tiene atractivos suficientes para competir con cualquier destino turístico. Le faltan el mar y la tumba del apóstol, pero le sobran reclamos artísticos y paisajísticos. El problema está en el acceso a los mismos. El municipio atesora una decena de pazos y casonas señoriales que están vetados al turismo y un legado románico impresionante sólo visitable en horario de misa. La consecuencia de este enclaustramiento de las reliquias locales está teniendo efectos devastadores sobre el turismo. El presidente de la asociación de turismo rural Mar de Compostela, Xosé Nogueira, constata que muchos visitantes se sienten decepcionados al comprobar que pueden ver más del Pazo da Mota en Internet que en vivo y en directo. Cuando la realidad virtual supera a la tangible, algo falla en la planificación turística. El Pazo da Mota no es la única residencia señorial inaccesible para el turista. Un cartel a la entrada del Pazo de Preguecido disuade a los curiosos dispuestos a intentar una incursión. Con las casonas pasa lo mismo. Los pazos y casas señoriales de A Estrada son todos propiedad privada. La visita no depende de la disponibilidad del turista sino de la voluntad de los titulares. En muchos casos, además, las casonas están habitadas sólo en días contados, lo que descarta incluso la opción de llamar al timbre confiando en la comprensión de los dueños con la curiosidad ajena. Las rutas turísticas diseñadas por el Concello recogen una decena de pazos y casonas. La Casona de Cobián, la Casona dos Arauxo, la de Otero, la de Parrondo, la de los Ballesteros o la de Silva e Brey aparecen citadas junto con los pazos da Mota, do Preguecido y de Oca por su interés histórico-artístico. Sin embargo, salvo el Pazo de Oca, ninguno de los demás es visitable. El de Oca, a medias. El complejo palaciego está abierto todos los días de sol a sol. La entrada normal cuesta 4 euros y, para grupos de más de 20 personas, 2,5 euros. Los lunes hasta las 12.30, el acceso es gratuito. Sin embargo, sea como sea, la entrada sólo da derecho a visitar los jardines que le han valido al pazo el apelativo de «el Versalles gallego». El interior del edificio queda fuera del alcance del turista. Con el resto de las casonas falta un convenio que permita visitar los edificios o su entorno, aunque sea previo aviso. Con las iglesias románicas ocurre algo parecido. A Estrada tiene una veintena, pero ninguna puede visitarse fuera del horario de misa. Las horas de las celebraciones no figuran ni en Internet ni en ningún folleto turístico y la petición de apertura despierta a veces recelo o desconfianza en los depositarios de las llaves. Un simple acuerdo con los vecinos y el Arzobispado permitiría designar un encargado de abrir la puerta a los visitantes. Entretanto, el legado románico estradense continuará siendo más apreciado en Cataluña que en Galicia. Pocos estradenses saben que la iglesia de Codeseda es una de las mejores muestras del románico gallego y menos aún han tenido la ocasión de contemplar los capiteles historiados de la iglesia de Ouzande o el zorro que persigue a una gallina en un curioso capitel de Lagartóns que es único en el legado románico. Iglesia de Ouzande. Es una de las joyas del románico estradense. El ábside y su colección de canecillos, inmortalizado por Castelao en uno de sus lienzos, puede contemplarse sin problemas. Sin embargo, los capiteles historiados del interior quedan lejos del alcance del turista Capitel curioso en la iglesia de Lagartóns. La iglesia de Lagartóns atesora uno de los capiteles decorados más curioso de todo el románico gallego. La columna remata con una pieza esculpida en la que un zorro persigue a una gallina. La rareza iconográfica no puede disfrutarse fuera de los horarios litúrgicos