Un juzgado de estreno en Lalín

Rocío Perez Ramos
Rocío Ramos LALÍN

DEZA

MIGUEL SOUTO

Crónica | Jornada de mudanza Las trabajadores de la limpieza se enfrentaban ayer a cristaleras interminables y a metros de piso sin más armas que una fregona, una escoba y unos trapos

14 jul 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

?yer los teléfonos aún sonaban en el edificio de la rúa da Ponte; las secretarias y la jueza supervisaban el traslado del material de sus respectivos despachos y los funcionarios empezaban a probar la comodidad de sus nuevas sillas y a ordenar papeles en el nuevo inmueble de O Regueiriño. Hubo quien prefirió trasladar personalmente el tiesto de su despacho a su nueva ubicación llevándolo en brazos. Al viejo edificio nadie lo echará de menos, ni las escaleras imposibles por lo empinadas, ni los espacios angostos, ni la falta de espacio o los muebles con carcoma. En el nuevo sonaba ayer el ruido de las aspiradoras industriales de una empresa y se acumulaban en las esquinas los restos de obra y los plásticos y cartones de los embalajes. Espacio, mucho espacio, techos enormes, paredes de hormigón que van dibujando mosaicos de colores, escaleras, luces que funcionan de forma inteligente sin interruptores de por medio, los sistemas de calefacción y aire acondicionado encastrados en el techo, muebles aún con fundas de plástico, una sala de vistas del tamaño de un salón de baile y las banderas y los retratos del Rey a la espera lucir en el lugar que les corresponde. Las trabajadoras de la limpieza eran ayer las heroínas de la jornada. Se enfrentaban a kilómetros de suelos con la suciedad incrustada típica de un fin de obra, a cristaleras interminables (sólo hay que ver la profusión de vidrio que se aprecia desde fuera), metros de mesas a las que quitar el polvo, baños variados, incluidos los incorporados a algunos despachos. Y todo con unas armas escasas: fregonas y escobas como las que cualquiera tiene en casa. Y es que para el antiguo juzgado era el material más válido, pero en el nuevo edificio de dimensiones tan colosales lo que se necesita son fregonas industriales y maquinaria capaz de desincrustar la suciedad que se acumule entre las paredes y el suelo, sin rodapiés, los suelos de goma, la tarima o las paredes de madera. Entre los trabajadores había quien se tomaba con humor el caos propio de una mudanza y quien comparaba algunas de las lámparas «coas que se poñen nas granxas para que crezcan os pitos». En el hall, carteles azules indicadores para no perderse. Entre ellos uno futurista: el que anuncia el juzgado número 3 que no existe, de momento.