Xenofobia festiva

PEDRO BERMÚDEZ

DEZA

EL CRISOL | O |

24 jun 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

NADIE DICE que la orquesta tenga que montar el palco en el mismo barrio toda la vida. Nadie impone el clásico reparto de actuaciones entre la Farola y la Porta do Sol ni defiende el centralismo festivo, que en un núcleo urbano de las dimensiones del estradense sería triste y a la vez sería una auténtica tontería. Sin embargo, tampoco sobrarían unas pautas generales para organizar la distribución de las distintas actividades del San Paio y dejar de despistar a visitantes y vecinos. A Estrada ha dedicado los últimos años a experimentar con diferentes escenarios sin encontrar todavía el definitivo. En algunos casos es el cambio del paisaje urbano el que aconseja probar nuevas opciones festivas. La reforma de la plaza del Concello dejó un amplio espacio propicio para concentraciones humanas de cualquier tipo. Es lógico que algunas verbenas se hayan trasladado allí ahora que la fuente multicolor que según la leyenda urbana despistaba a los aviones ha pasado a mejor vida. En otros casos, sin embargo, los cambios de escenario obedecen en el mejor de los casos a una discutible cuestión estética y en el peor a una pretendida defensa de los intereses locales tras la que a veces subyace un ligero sentimiento racista. Esas parecen ser las únicas razones del continuo cambalache de los puestos de venta de artículos de marroquinería, bisutería o artesanía en general de procedencia peruana o africana. Hace años, estos puestos ocupaban la calle principal y le daban un innegable ambiente festivo. Sin embargo, algunos comerciantes formularon quejas alegando que los puestos ensombrecían sus escaparates y mermaban sus ventas. Desde entonces, los vendedores ambulantes se han ido desplazando cada año a una calle distinta y los reproches vecinales han hecho lo mismo. Este año le ha tocado a la rúa Iryda. Seguro que hay alguien que ya tiene algo que decir.