De la suela al mando a distancia

Rocío García Martínez
Rocío García A ESTRADA

DEZA

MARCOS MÍGUEZ

Reportaje | La reconversión de los zapateros de A Estrada Antes hacían botas a medida y cosían el cuero a mano. Ahora manejan máquinas de hasta 48.000 euros, afilan cuchillos, graban metales y duplican mandos a distancia

25 feb 2006 . Actualizado a las 06:00 h.

No es el oficio más viejo del mundo, pero casi. Sin embargo poco tienen que ver los zapateros del siglo XXI con los de mediados del siglo pasado. Las exigencias del mercado les han obligado a reciclarse y a diversificar sus servicios hasta convertir sus talleres en tiendas especializadas. En A Estrada, todavía subsiste un zapatero de la vieja escuela. Se llama Alfonso Puente y tiene su taller en la calle Justo Martínez. Alfonso ha sido testigo de los drásticos cambios que ha sufrido el oficio en los últimos años. Aprendió la profesión a los 16 años, en el taller de José Souto en O Foxo, tuvo taller propio en Pernaviva (Cereixo) y hace veinte años que se ha instalado en A Estrada. Es el más veterano de los cuatro zapateros en activo que quedan en el casco urbano. «Entre o traballo de antes e o de agora hai unha diferencia como do día á noite», explica. «Antes facíase todo á man», comenta. El calzado de los estradenses se fabricaba casi todo por encargo. El zapatero tomaba las medidas del pie, luego compraba las planchas de piel, después las cortaba utilizando los moldes estándar que había para cada número y finalmente las cosía a mano. Salvo excepciones, los diseños eran idénticos y los colores tampoco variaban mucho. La piel de becerra negra, marrón o color cognac -«que tivo unha época de moito tirón»- eran la norma general. El negocio tuvo un auge importante en A Estrada. Prueba de ello fue el nacimiento y el esplendor de la empresa local Curtidos Pérez, que se dedicaba precisamente a la venta de piel por pies y de plantillas para elaborar el calzado. Alfonso Puente todavía recuerda el primer par de zapatos que hizo. «Vendíanse a 150 pesetas», comenta. El negocio ahora no tiene nada que ver con el de aquella época. Los zapateros modernos son expertos en prolongar la vida útil del calzado, pero ya no son ellos quienes lo diseñan. Alfonso aún aceptó hace algunos años encargos esporádicos de botas ortopédicas. Pero ahora, ni eso. Las zapaterías ofrecen modelos de todos los precios y los zapateros no pueden competir con eso. Fabricar a mano un par de zapatos lleva muchas horas de trabajo y casi nadie estaría dispuesto a pagar su justo precio. Las últimas botas que ha fabricado Alfonso son las que lleva él puestas. «Fíxenas hai dez ou doce anos e aínda están novas», comenta. Ahora mucha gente compra «calzado de batalla», que tarda muy poco en reclamar un relevo o un buen zapatero. Los profesionales han tenido que acostumbrarse a lidiar con los nuevos materiales. Lo comenta Manuel Louzao, que se inició en el oficio en Suiza y, desde hace catorce años, atiende su propio local en la calle Waldo Álvarez Ínsua. «Antes eran todo suelas de coiro ou pisos de goma, pero agora hai moito material sintético e precisas pegamentos especiais para traballar», explica. Además, ahora el trabajo se ha automatizado. «O pulido, o rematado, o pegado con prensa de aire a presión... Casi todo se fai a máquina», indica. Hoy en día, un zapatero precisa mucho más que una aguja y una horma. Necesita invertir en tecnología, y una máquina de última generación puede rondar los 48.000 euros.