Campos «picó» en el pleno de la paz

F. S. Cordón A ESTRADA

DEZA

MARCOS MÍGUEZ

Crónica | El alcalde entró en un acalorado debate con Espiño, que generó cierta guasa La oposición presentó casi 40 ruegos y preguntas, provocando a veces las reacciones del alcalde que esperaba un público deseoso de manifestarse con motivos

09 ene 2006 . Actualizado a las 06:00 h.

A las nueve de la noche de ayer se iniciaba una sesión plenaria en el Concello de A Estrada, con un mínimo interés por la falta de asuntos relevantes a debatir pero con la inquietud general de saber si, después de dos años, se podría celebrar un pleno sin que el público asistente fuera el protagonista, por una u otra causa. El único punto a tratar de cierta importancia, relativo al proyecto Ciudad Digital, había sido retirado del orden del día. Tras varias advertencias anteriores, en el pleno de hace un mes el alcalde no pudo soportar la guasa y las interrupciones que provocan habitualmente el medio centenar de asistentes que se repiten en las sesiones. Campos se fue del pleno sin ni siquiera darlo por terminado. Poco después anunció que se adoptarían las medidas oportunas para devolver la normalidad a los plenos. Habría vigilancia, y todos los provocasen ruidos, guasa o interrupciones serían identificados y denunciados en el juzgado. Campos pidió también apoyo a la oposición municipal para celebrar plenos normales. Recibió cierto apoyo, pero también le indicaron que debería regular mejor la participación ciudadana en la vida municipal. El pleno de ayer se inició con casi 70 vecinos presentes. Sólo el apartado de ruegos y preguntas podía generar cierto debate de interés político o municipal. Y así fue. Una moción del BNG sobre los servicios de Hacienda generó un amplio debate que el público respetó en todo momento. Se acordó, por unanimidad, pedir al ministerio que no reduzca los servicios de la delegación estradense. Después llegó el turno de ruegos y preguntas. Espiño lo abrió con una docena larga de cuestiones; las más esperadas por los asistentes, como las de los presupuestos, el PXOM y las aceras de Souto, fueron desgastando al alcalde, hasta que acabó enfrentándose verbalmente a Espiño. Mulo con orejeras El público estuvo hasta ese momento bastante correcto. Algún susurro y algún murmullo. Campos se cegó con Espiño, y éste acabó comparándolo con un mulo con orejeras. Los asistentes ya comenzaron a hacerse notar; empezaron aplauciendo. Dos policías y una cámara de vigilancia impedían, hasta entonces, que el público se constituyera en protagonista. A las diez y media, Espiño ya tenía casi rendido a Campos, y el público temía menos a la vigilancia. Entonces empezaba el turno para las 25 preguntas y ruegos del BNG.