Pulso local | Biografías recuperadas El investigador Olimpio Arca ha rescatado para la historia local dos biografías de estradenses jamás contadas: la de la escritora Márgara y la del soldado José Martínez
15 dic 2005 . Actualizado a las 06:00 h.El escritor e investigador estradense Olimpio Arca ha vuelto a regalarle una pieza al puzle de la historia local. Lo ha hecho con una charla en el Recreo Cultural en la que ha sacado a la luz la biografía de dos estradenses de los que nunca antes se había hablado: la escritora María Luisa Juana Ramona Armadáns García, Márgara, y el soldado José Martínez Tarrío. Olimpio Arca ha buceado de nuevo en los archivos para rescatar la historia de dos personajes locales injustamente olvidados. es el seudónimo de una joven de San Miguel de Cora que fue autora de varias novelas en castellano. Nació en 1898 en el seno de una familia acomodada de Santiago que luego se trasladó a A Estrada. Uno de sus tíos fue juez en la villa y otro cura y capellán. Por su parte, la autora fue una mujer adelantada a su época, amazona, defensora de los derechos de las mujeres y ATS voluntaria en la guerra del 36. Su producción literaria comenzó en 1921 con la colaboración en periódicos gallegos primero y en revistas internacionales después. Escribió, entre otras, en Nova Galicia , de Buenos Aires, y en El Crisol de Montevideo. Su primera novela, Un sarcasmo de la dicha , la escribió en 1924. Era un texto dramático y de costumbres gallegas, tocado por el romanticismo clásico. En el frente escribió un diario de guerra que nunca llegó a publicarse por causa de la censura, ya que «decía a verdade día a día». « Márgara era católica e amiga da monarquía, pero non de Franco», comenta Olimpio Arca. En una época de desencanto vital, la escritora quiso quemar su producción literaria, pero su hijo salvó algunos textos que Olimpio Arca ha recopilado, aunque todavía no han podido ser editados. La otra biografía recuperada es la de José Martínez Tarrío, un soldado de Santeles que en el año 1921 combatió en la guerra de Marruecos. En la época, un corresponsal de guerra le atribuyó una gran hazaña bélica. Según cuenta la leyenda, aguantó hasta al final su posición en la defensa de un pozo en las cordilleras del Rif, por lo que fue propuesto para la Laureada de san Fernando. A su regreso fue recibido en A Estrada como héroe de guerra. Según cuenta el diario El Emigrado , le esperaban el alcalde, el juez, una salva de bombas y un refresco en el bar Pampín. Sin embargo al final ni le impusieron medalla ni le dieron la pensión que conllevaba. La crónica de guerra debía basarse más en una leyenda bélica que en una heroica defensa.