AL FILO | O |
29 nov 2005 . Actualizado a las 06:00 h.EL FRÍO ARRECIA y ya no bastan bufandas y guantes. Los sombreros están de moda. Ayer alguien me preguntaba si el alcalde de Lalín, Xosé Crespo, marcaba tendencia. No sé, habrá que fijarse en la calle, aunque no sé porqué su gorro de piel de la foto de la carballeira de García Sánchez haya dado más que hablar que los pantalones de Marichalar en las tertulias de los programas del corazón. A lo mejor -no lo sé-, Crespo no entiende a qué viene tanta historia por ponerse un gorro que parece ser que compró en un viaje que hizo con el Celta. Seguro que todos nos trajimos de algún viaje alguna prenda de vestir que nos parecía la más práctica, la más bonita y que luego al bajarnos del avión consideramos un poco ridícula. En un viaje a Rusia de los 300 que íbamos en el avión, 290 lo primero que hicieron al bajarse y sentir un viento helado en las orejas fue comprarse un gorrito como el de marras. Y me consta que no se lo quitaron en todos los días que duró el periplo por el país. Una de ellas era mi hermana, la misma que le regaló uno muy parecido al de Crespo a mi padre y que pone el grito en el cielo cada vez que su progenitor y el mío, que son el mismo, sale a la calle con semejante artilurgio en la cabeza defendiendo sus cualidades. Ayer el gorrito salió a colación en el pleno. Ahora que se acerca el puente el que se apunte a la tendencia que se dé un garbeo por el norte de Europa para hacerse con un modelón de ese estilo. Quién sabe, tal vez dentro de unos años el Cocido se celebre en Moscú donde hay un gallego que tiene un restaurante especializado en tortilla de patata y en el que seguro no falta el cocido y vemos a la corporación hincando el diente al lacón con las orejas tapadas con esos cascos de piel que mantienen la cabeza caliente.