EL CRISOL | O |
22 oct 2004 . Actualizado a las 07:00 h.HAY MUNICIPIOS en los que una amplia mayoría de los vecinos nunca dedicarán demasiados segundos al día para analizar el peso político, o las garras, que ganan o pierden sus concellos o comarcas cada vez que hay cambios de nombres en los distintos organismos oficiales o ejecutivas de los partidos políticos. Quizá hacen mal, porque en el municipio de al lado, donde sí hay un grupito de personas que tienen esas cosas muy en cuenta, pueden conseguir una autovía o un tren de alta velocidad que pare al lado del Ayuntamiento. La comarca de Tabeirós-Terra de Montes tenía hace poco dos conselleiros y un secretario general del PP; y dos miembros en la ejecutiva gallega del PP, pero si fueran tres o cuatro muy poca gente lo sabría. En el caso de A Estrada, tierra de Jesús Palmou, la gente está con él, apoyándole en sus cargos y orgullosos de que se acuerde siempre que puede de su municipio. Y está claro que no se olvida. Pero está claro que eso del peso político de un municipio en ciertos organismos o ejecutivas sólo le preocupa relativamente a una minoría de la gente. Palmou consiguió para A Estrada la Academia de Policía cuando era solo diputado.