Una parroquia en Venezuela

PEDRO BERMÚDEZ

DEZA

EN CARACAS reside un pedacito de A Estrada. Más de doscientos estradenses de nacimiento, de los que habían sido adoptados por el país venezolano en los difíciles años 50 _cuando Galicia vivía en la penumbra y Venezuela empezaba a despertar con la ayuda del petróleo_ quedan todavía por aquellas tierras. Algunos llevan tanto tiempo en suelo venezolano que casi ni se acuerdan del olor de los chorizos en la lareira ni del de la vendimia. Sin embargo su cabeza sigue llena de recuerdos de la infancia estradense que nunca se cansan de rememorar en las tardes de reunión en la Hermandad Gallega. En Caracas, como en muchos otros países de sudamérica, A Estrada tiene otra parroquia. Una parroquia unida y más estradense que algunos vecinos de la mismísima plaza de la Farola. La comitiva que se desplazó a Caracas para participar en la segunda edición de la fiesta del salmón y de la richada de este domingo tuvo ocasión de comprobarlo. Nada más llegar, descubriron que el hotel en el que se alojaban era propiedad de familias oriundas de Cora y Santeles. Después, en la Hermandad Gallega, los estradenses se contaban por decenas. Unos 250 se reunieron en la comida del salmón, organizada por la sociedad de Hijos de A Estrada en Venezuela, presidida por Ramón Pérez, un estradense con raíces en Callobre. Todos ellos son estradenses convencidos y esperan que el Concello les reconozca como tales. Hace un año el alcalde, Ramón Campos, se negó a asistir a la comida del salmón por la difícil situación que atraviesa el país y a los estradenses en Venezuela no les pareció demasiado bien. Pero siempre hay una segunda oportunidad.