A Además del aliciente anímico que para un concello como Lalín, situado en una comarca en clara regresión demográfica, tiene incrementar su población, las peores consecuencias de haber bajado de 20.000 habitantes no hubieran afectado al orgullo, sino más bien a la economía municipal. Y es que el Estado entrega a cada ayuntamiento una cantidad que, en el caso de la capital dezana, ronda los cien euros por persona. De este modo, mil habitantes menos supondrían dejar de ingresar 100.000 euros (16.638.600 pesetas). Pero ahí no quedaría la cosa, el alcalde, Xosé Crespo, advirtió ayer que el haber bajado de la barrera de los 20.000 habitantes habría supuesto, por otros conceptos, una reducción en el presupuesto del Concello que rondaría los 900.000 euros (unos 150 millones de pesetas). Al margen del varapalo económico, los 20.000 habitantes son además indispensables para seguir manteniendo el título de ayuntamiento de primera categoría, así como para que la corporación municipal pueda estar formada por veintiún concejales y no por diecisiete. De ahí la alegría de Crespo que bromeó diciendo que el próximo reto es superar los 50.000 «pero nun concello de Deza fusionado», aclaró.