Todos con la misma cara de nervios y ansiedad pero tratando de darse ánimo y confianza a través de los típicos cánticos de cancha que transformaron ese rincón de Lalín en un ambiente argentino al cien por cien. Desde el «...cada día te quiero más, soy argentino, es un sentimiento, no puedo parar», al «vamos, vamos, Argentina, vamos, vamos, a ganar, que esta barra quilombera, no te deja, no te deja de alentar», pasando por el «¡pan y vino, pan y vino, pan y vino, el que no grita Argentina, para qué carajo vino!» hasta el adaptado a las circunstancias «vení, vení, cantá conmigo, que un amigo vas a encontrar, y de la mano del Loco Bielsa, toda la vuelta vamos a dar». Las canciones dedicadas al equipo fueron coreadas por todos, incluso los sentados en la otra ala del bar. Con todo, el cantito más repetido fue el de «¡el que no salta es un inglés!», un buen ejercicio gimnástico que quizás se estaba adelantando para el partido del viernes entre Argentina e Inglaterra. La variante lalinense y en todo caso española al «el que no salta es un inglés» fue la que dieron algunos gallegos amigos sentados en la tribuna que gritaban «Gibraltar español» a la que los argentinos agregaban «Malvinas argentinas». Entonces la «advertencia» cobró sentido y se hizo evidente que no se refería únicamente al próximo encuentro de los seleccionados de ambos países sino a la vieja disputa sobre la soberanía de las islas Malvinas -hoy llamadas Falklands- que dio origen a una guerra que perdió la Argentina en el año 1982.