A Estrada dedicará el Año Cultural 2002 a recopilar y difundir la obra de un autor local casi desconocido Uno de los más grandes defensores de gallego y de su unidad ortográfica a principios del siglo XX fue estradense. Se llamaba Bernardo Rodríguez y nació en Vea. Su nombre no aparece en los libros de texto y muy pocos conocen su historia o su obra. Para rescatarlo del olvido, la fundación Tabeirós-Terra le dedicará el Año Cultural 2002. El investigador Olimpio Arca dio las primeras pistas sobre él en Emigrantes Sobranceiros, pero aún queda mucho trabajo para hacer que su nombre empiece a sonar.
29 dic 2001 . Actualizado a las 06:00 h.ROCÍO GARCÍA A ESTRADA El investigador estradense Olimpio Arca dio en 1998 las primeras pistas de la vida y la obra del galeguista y escritor Bernardo Rodríguez Ribeira. En su libro Emigrantes sobranceiros, Arca repasa la biografía y trayectoria literaria del autor nacido en Vea, del que muy pocos tenían noticias antes de esta publicación. La obra abrió un amplio campo de investigación en el que la fundación Tabeirós-Terra quiere profundizar dedicándole el Año Cultural 2002 a Bernardo Rodríguez. El homenajeado del próximo año nació en Pouso (San Xiao de Vea) en 1853 y, tras varios años estudiando para cura en el Seminario Conciliar de Santiago, decidió que lo suyo no era oficiar misas y en 1874 se embarcó hacia Buenos Aires huyendo de la guerra carlista. Su formación en el seminario le permitió prosperar con rapidez y convertirse en hombre de confianza del ex presidente de Argentina Nicolás Avellaneda. Ejerció durante muchos años como tesorero de la Universidad de Buenos Aires y se instaló definitivamente en Buenos Aires formando una familia. Su esposa, Estela Fariñas, era hija de emigrantes gallegos, de Estacas (Cuntis). A pesar afincarse en Argentina, Bernardo siempre sintió «morriña» y realizó dos viajes a A Estrada en los que dejó testimonio de su gran interés por la lengua y la cultura gallega. Murió en Buenos Aires en 1924. Su obra literaria es extensa y se encuentra en los periódicos y revistas de la época; gallegos y, sobre todo, de la emigración. Colaboró en El Libredón de Compostela, La Unión Gallega de Montevideo, El Gallego de Buenos Aires, El Eco de Galicia y Almanaque Gallego. Muchos de sus escritos aparecen firmados con anagramas y pseudónimos, como Eduardo L. Posobón, Ruez Grido, Pica-Pica, Bernardo de Pouso o Barón de Dorreguriz. Entre sus cuentos destacan Sin agarimo, Tormenta en coche, O roubado non loce o ¿Quen quer bailar? y en el apartado poético sobresalen el soneto Mi sino y el poema Falade sempre galego, que termina con una petición con cortesía argentina: «E dende hoxe a todos prego/ falade sempre gallego/ ¡Andá, guiavos por min!». Más información Quienes quieran conocer más a fondo la vida y la obra del escritor y galeguista, Emigrantes sobranceiros -editada en 1998-, constituye un amplio trabajo en el que se incluyen algunos cuentos y poemas de Bernardo Rodríguez además de anécdotas sobre su vida o valiosos testimonios de quienes le conocieron.