No hay quien frene a un Barça vitaminado en la Supercopa de España (5-0)

Paulo Alonso Lois
PAULO ALONSO ENVIADO ESPECIAL / YEDA

DEPORTES

Raphinha y Fermín celebran el cuarto gol del Barcelona ante el Athletic en Yeda.
Raphinha y Fermín celebran el cuarto gol del Barcelona ante el Athletic en Yeda. Stringer | REUTERS

La goleada ante el Athletic evidencia que cuando el conjunto de Flick toma ventaja se parece mucho a un equipo inabordable, incluso en una semifinal en Yeda con un once mermado

07 ene 2026 . Actualizado a las 22:21 h.

Con el marcador en contra, remontarle al Barcelona resulta un Everest complicadísimo. Tiene tantos recursos, y tantos jugadores en estado de gracia, que abrirse, atacar, correr, arriesgar lo más mínimo, en un ejercicio de dignidad irrenunciable, puede condenar casi a cualquiera a una goleada. El riesgo lo sabe cualquiera, porque existe la certeza de que la orquesta de Hansi Flick, con un gol de ventaja, suele manejar los tiempos con la frialdad de un desactivador de explosivos. Lo sufre cualquiera que se enfrente a un equipo capaz de sobreponerse con tanta solvencia a la ausencia de tantos jugadores importantes: Araujo, Gavi, Lewandowski, Rashford y hasta Lamine Yamal. Ninguno formó parte del once culé en el estadio Alinma de Yeda, escenario de la sexta Supercopa de España que se celebra en Arabia. Enfrente, es cierto, otro boquete capital, con la baja de un futbolista imprescindible para los leones como Nico Williams.

Así que el partido duró 20 minutos, segundo arriba, segundo abajo, o 25, como mucho. Mientras no se movió el marcador, el Athletic reivindicó todo el mérito de su cultura de club. Fútbol fresco, juego de bandas... y esta vez poca eficacia. Durante un rato, Berenguer, Sancet y Robert Navarro agitaron el partido. Que no es poco, pero tampoco más que eso. Esta vez Joan García no necesitó de su versión más milagrera para aplacar las acometidas del Athletic.

En pleno chaparrón, llegaron las canciones coreadas por la grada en honor a Messi en el minuto 10. Fútbol moderno, o fútbol absurdo. Pero el Athletic seguía a lo suyo de toda la vida. A los cabezazos como el intencionado de Paredes y el balón parado. Insistió, sin premio, y el Barça empezó a gustarse poco a poco en su control del juego a través del pase.

El peor, o uno de los pocos malos, lo ejecutó Pedri, con un manso envío al pecho de Unai Simón cuando acababa de irrumpir, cerca del punto de penalti con toda impunidad, solo y con todo a favor. Al centro justo de la portería. Unai Simón le birló un buen balón a Roony en el 18 y respondió brillante a un remate de Fermín en el 20. Y ahí terminó todo.

Sucedió en el 22. Y al igual que pasa con algunos criminales a los que se caza en un asunto menor, el vendaval del Barça se desató después de una fallida volea de Fermín cuyo rechace se llevó Ferran a la cazuela. 1-0 para el defensor del título, mientras el Athletic protestaba una posible falta de Raphinha poco antes del gol. El segundo ya resultó otra cosa. Gol por la escuadra de Fermín fabricado por Raphinha. El tercero cayó al rato en una pifia de Unai Simón, al que se le coló el balón por debajo del cuerpo. Y el cuarto y último antes del descanso premió una genialidad de Raphinha, otra vez Raphinha, una vez más Raphinha, que se escapó hacia afuera y remató a la escuadra gracias a un zapatazo sin ángulo.

Parecidos en nada, aunque los dos geniales, un buen día para que ese Barça de Raphinha, justo el de este miércoles, luciese una camiseta inspirada en la brillante faena del equipo de Ronaldinho ante el Madrid en la liga 2005-06.

Con 4-0 en contra, Sancet estampó un balón en el palo a pase de Berenguer. Y el segundo tiempo continuó sin apenas incertidumbres. Raphinha hizo el quinto en el 51. El partido estaba tan roto que costaba encontrarle un pase a lo que quedaba. El Barça bajó una marcha, Unai Gómez desperdició un gol cantado y el campeón espera rival en la final.