El murciano completó el mejor año de su carrera en el 2025, con ocho títulos, dos de ellos de «grand slam», 71 triunfos, solo nueve derrotas y el número uno
29 dic 2025 . Actualizado a las 22:35 h.Carlos Alcaraz se ha impuesto en el 2025 a su peor enemigo: la irregularidad. Si algo se podía criticar del tenista murciano era su tendencia a desconectarse durante determinados partidos o durante torneos de menor categoría. Muchas veces perdía la concentración y eso le costaba derrotas o complicaciones ante rivales de forma inexplicable.
En marzo, Alcaraz acababa de vivir uno de esos episodios difíciles de entender por su calidad. David Goffin le había eliminado en Miami, en su debut en el torneo. El belga confirmó un inicio de temporada decepcionante: cuartos de final en Australia con derrota ante Novak Djokovic, cuartos de nuevo en Doha y segunda ronda en Miami. Solo Róterdam, donde conquistó el primer título de su vida en indoor, sirvió como vía de escape para un comienzo de curso peor de lo esperado.
Ahí Alcaraz tuvo que tomar una decisión antes de la parte más importante de la campaña, la gira de tierra batida. Debía seguir entrenando y combatiendo las dudas con horas en pista o desconectar por completo. Se marchó con su familia a la Riviera Maya y se olvidó de la raqueta. Aquella escapada dio pie a los mejores meses de su carrera. De los 61 partidos que disputó hasta final de temporada, ganó 56.
Por el camino se embolsó dos grand slams, en Roland Garros y el US Open, tres Masters 1000 en Montecarlo, Roma y Cincinnati, y dos ATP 500, en Tokio y Queen's, además de alcanzar el duelo por el título en Wimbledon, el Conde de Godó y las Finales ATP. Entre Roma y la final de Wimbledon ganó 24 partidos consecutivos, su mejor racha de siempre, y desde la derrota ante Goffin en marzo, alcanzó la final en los siguientes nueve torneos que disputó, un récord pocas veces antes visto. Cimentó su dominio en la rivalidad con Sinner. En el 2025 le ha batido en tres ocasiones, por dos triunfos del italiano.
La rivalidad con Sinner
Para la retina queda la final de Roland Garros, en la que Sinner dispuso de tres puntos de partido sobre el saque de Alcaraz en el cuarto set. El murciano no solo los levantó sino que se apuntó su segundo entorchado en París al doblegar al italiano en el super tie break del quinto set, tras una de las mayores remontadas que se recuerdan en el tenis.
En esos meses brillantes, donde parecía que jugaba tocado por una varita, solo hubo dos lunares. La final de Wimbledon, en la que ganó el primer set, pero se vino abajo ante un Sinner superior y que ganó por primera vez en la Catedral, y la final en Turín, donde una molestia muscular no le permitió jugar a su mejor nivel, además de obligarle a bajarse de la Copa Davis de Bolonia, en la que España rozó la gloria en la final contra los italianos. La Copa de Maestros y la Davis son dos de los grandes títulos que faltan en el palmarés del español, además de los Masters 1000 de Canadá, Shanghái y París. Otro de los sinsabores del año fue no poder participar en el Masters de Madrid por el lógico desgaste tras Montecarlo, Barcelona y Roma.
La regularidad de Alcaraz vino acompañada de un gran premio, el número uno del mundo. Lo recuperó en septiembre tras más de dos años y lo aguanta hasta final de año, excepto una semana que se lo arrebató Sinner. En total suma 49 semanas en lo más alto y es el decimocuarto en la lista de tenistas que más tiempo han retenido el número uno. El siguiente al que puede alcanzar es Jim Courier, que tiene 58 semanas en su haber.
El reto de Australia
Su siguiente reto, ya sin Juan Carlos Ferrero como entrenador después de una abrupta ruptura, el Abierto de Australia. Ganar en Melbourne supondría convertirse en el tenista más joven en conquistar los cuatro Grand Slams, superando el registro de Rafa Nadal en el 2010.
«Mi primer gran objetivo en el 2026 será el Abierto de Australia. Quiero mostrar un buen nivel y ganar el título después de haberlo hecho bastante bien en años anteriores. Espero que esta vez sea diferente para mí», aseguró en un evento en Murcia, donde fue galardonado como el mejor deportista de la región.
Australia es el único grand slam que no ha ganado y su tope allí son los cuartos de final. En su debut en el 2021 hizo segunda ronda; en el 2022, tercera; no pudo jugar en el 2023 por lesión, y en el 2024 y 2025 le frenaron en cuartos. Además de poner el número uno en juego ante Sinner, que es el vigente campeón y después tendrá tres meses en los que no defiende nada por la sanción que cumplió el año pasado por dopaje, optará a un séptimo grand slam que a sus 22 años le iguale con John McEnroe y Mats Wilander.
Las lesiones, un lastre insoportable para Badosa
Las lesiones son el gran problema de Paula Badosa porque no le dejan competir con la regularidad que ella querría. Después de un gran 2024, en el que recuperó su estatus de top 10 y volvió a ganar títulos y a llegar lejos en los grand slams, la español se topó con la realidad de su cuerpo en el 2025 y volvió a la intermitencia y los problemas físicos recurrentes.
Y eso que el año comenzó de forma casi inmejorable, con unas semifinales en el Abierto de Australia que marcaron el mejor resultado de su carrera en un grande. Al acabar el torneo en Melbourne, Badosa estaba dentro de las diez mejores del mundo, una posición acorde a su tenis, pero que su cuerpo no le permite mantener en el tiempo.
Solo pudo disputar once torneos más en todo el año. En total, 22 encuentros. Desde Australia apenas ganó doce partidos y sus mejores resultados fueron tres cuartos de final. Entre el problema crónico de espalda y una rotura en el psoas que sufrió en la gira de hierba, la temporada de Badosa descarriló a partir de verano. Desde que se retiró en el torneo de Berlín en junio, solo jugó cuatro partidos más en el resto del 2025.
La progresión de Bouzas
«Hay momentos en los que me pregunto cómo logro seguir adelante en los instantes más duros y dolorosos. Y la verdad es que es precisamente en esos momentos cuando descubro la fuerza más profunda dentro de mí. Cada tropiezo duele, pero también me recuerda cuánto deseo luchar, cuánto quiero volver más fuerte», aseguró la catalana.
Badosa acaba el año dentro de las 25 mejores del escalafón y es la única española junto a Jessica Bouzas en el top 50. La progresión de la de Pontevedra es una de las grandes noticias del año junto a la recuperación de Cristina Bucsa, nacida en Moldavia y afincada en Cantabria, y la vuelta al circuito de Sara Sorribes. La castellonense se tomó unos meses de parón en abril por problemas de salud mental, cada vez más abundantes y conocidos en el deporte de élite, y regresó a la competición en noviembre.