El Mundial de Tokio eleva a Duplantis y Jefferson

X. R. C.

DEPORTES

Issei Kato | REUTERS

El sueco llevó la pértiga en Japón hasta los 6,30 metros y la velocista se colgó tres oros siete años después de donar células madre a su padre

22 sep 2025 . Actualizado a las 08:41 h.

Armand Duplantis y Melissa Jefferson-Wooden, son los dos grandes nombres propios de un Mundial de atletismo al aire libre de Tokio que acabó con récord de medallas de oro para Estados Unidos (16) y con un balance de tres metales para España, todos ellos en el granero de la marcha.

Duplantis se marcha de Japón con su décimo cuarto récord en el salto con pértiga, pero este un poco más especial por derribar la mítica barrera de los 6,30 metros. Jefferson-Wooden, por llevarse tres medallas de oro en la velocidad: 100, 200 y el relevo 4x100, anunciando una nueva era en el mismo momento que Shelly-Ann Fraser-Pryce oficializaba su adiós de las pistas. Al lado de estos dos colosos también salen por la puerta grande de Tokio Sydney McLaughlin, llevando al 400 femenino a otra dimensión; Oblique Seville, haciendo buena la profecía de Bolt, y llevándose los 100 metros; Noah Lyles, que no retuvo la corona del hectómetro pero se hizo con dos oros en los 200 y el relevo corto, y la cubana Leyanis Pérez, que superó a Yulimar Rojas en la final de triple salto.

«Duplantis es una estrella del rock, nos está empezando a costar caro», bromeó el presidente de World Athletics, Sebastian Coe, en alusión a los 100.000 dólares que el sueco se embolsa por cada récord. Esos 85.139 euros, según el cambio de ayer, son la mejor inversión que puede hacer el atletismo con Mondo, que ha llenado un buen pedazo del vacío que un día dejó Usain Bolt. Duplantis es un espectáculo, salta como nadie y además despierta pasiones. En la final de pértiga del pasado lunes no parecía tener su mejor día, pero ni uno solo de los 60.000 espectadores que ocupaban la grada del estadio nacional se movieron esperando que sucediera algo grande, como al final pasó: un récord del mundo de 6,30 y al tercer intento.

La americana Melissa Jefferson-Wooden es la gran reina del Mundial. Porque dejó claro que una nueva estrella viene en camino. Coleccionando tres oros, en los 100 y 200 metros, junto con el relevo 4x100, todos ellos conseguidos de un modo incontestable y porque además se los pudo dedicar a su padre, que estaba en la grada, al que siete años atrás había donado células madre de su médula ósea para ayudarle a superar una enfermedad potencialmente mortal en la que la médula no produce suficientes glóbulos blancos para enriquecer el sistema inmunológico.

Sydney McLaughlin, también se merece un lugar en el podio del mundial más tardío. La estadounidense firmó una actuación colosal para ganar los 400 metros lisos marcando un tiempo de 47,78, récord de los campeonatos, y se quedó a dieciocho centésimas de la plusmarca (47,60) que aún posee desde el 6 de octubre de 1985 la alemana Marita Koch. Además también formó parte del relevo 4x400 que se llevó el oro.

Jamaica volvió a sonreír en Tokio después de cuatro años de sequía. La selección caribeña firmó un doblete en los 100 metros y fue Oblique Seville el que se llevó el oro como había pronosticado Usain. Oblique siempre había sido un clásico de las finales, pero le faltaba convertirse en protagonista y sobre el tartán nipón por hizo. «En mis primeros Juegos Olímpicos (en 2021) caí en semifinales. Al año siguiente en el Mundial, fui cuarto. El año pasado fui último de la final de los Juegos Olímpicos. Así que si gano en Tokio, será una locura», comentó antes de convertirse en el nuevo rey de la velocidad.

La marcha lleva al atletismo español al quinto lugar

Cuestionada por algunos y de dudoso futuro en el programa olímpico, la marcha tiene, para muchos, el estigma de patito feo dentro del atletismo, pero la disciplina sigue siendo el principal granero del atletismo español. Porque la selección regresa a casa con tres medallas y todas ellas fueron conseguidas en la marcha: los dos oros de una María Pérez que ya puede sentarse en la mesa de Bolt, Mo Farah y Lewis al sumar cuatro títulos en dos mundiales consecutivos y con la guinda de Paul McGrath, que se hizo con el bronce en los 20 kilómetros marcha cuando corría el riesgo de ser descalificado. Estas tres medallas le dieron a España el quinto puesto en el medallero final.

En cuanto a las plazas de finalistas españoles, fueron 11 en total, marca que no alcanzaba la selección desde los 13 conseguidos en el Mundial de París del 2003. En la pista, Quique Llopis fue el que estuvo más cerca del podio con su cuarto puesto en los 110 metros vallas, pero una vez más tiró al palo, como le había sucedido en París. También fue destacada la actuación de Mohamed Attaoui, que hizo soñar con la medalla a más de uno tras ganar la semifinal, pero en el gran día no pudo completar la gesta. Marta García, en los 5.000 metros y el relevo femenino 4x100, fueron otros de los grandes protagonistas. La cruz del Mundial la protagonizó Jordan Díaz, que tuvo que abandonar en la calificación del triple sin llegar a saltar.

Dentro de la delegación española, los tres gallegos sumaron puntos de finalistas: Daniel Chamosa fue sexto en su estreno internacional en los 35 kilómetros marcha, su hermana Antía entró séptima en los 20 kilómetros y Adrián Ben desafió el ránking para acabar octavo del 1.500 metros.

Estados Unidos bate su récord de oros con 16

Estados Unidos, con 26 medallas (16 oros, 5 platas y 5 bronces), concluyó en la primera posición la clasificación de los Mundiales de atletismo de Tokio, en los que 40 países conquistaron alguna presea. Esta fue la mejor cosecha de títulos de los norteamericanos desde Helsinki 1983.

El equipo estadounidense, impulsado por los oros de cuatro de los equipos de relevos y el doblete individual en los 100 y 200 metros de Melissa Jefferson-Wooden, lideró con solvencia la clasificación por delante de Kenia, segunda con 11 medallas, y Canadá, tercera con 5.

España aparece como segunda potencia europea por detrás de los Países Bajos.