La misión Artemis 2 encara la recta final hacia la cara oculta de la Luna

Raúl Romar García
r. romar REDACCIÓN / LA VOZ

SOCIEDAD

Vista de la Tierra desde el Artemis II.
Vista de la Tierra desde el Artemis II. ZUMA vía Europa Press | EUROPAPRESS

La máxima aproximación llegará a primera hora de la madrugada del martes

06 abr 2026 . Actualizado a las 08:16 h.

La Luna se hace cada vez más grande a ojos de los astronautas de la misión Artemis 2. A bordo de la nave Orion han visto y fotografiado lo que ninguna mirada humana ha contemplado a simple vista: la cuenca Orientale, un cráter en sombra de 964 kilómetros de ancho que representa una región clave de transición entre la cara visible y la cara oculta del satélite. «Hay algo en ti que percibo que no se parece a la Luna que estoy acostumbrado a ver», dijo la astronauta Christina Koch. «Nunca antes habíamos posado ojos humanos sobre la cuenca Orientale», señaló desde la Tierra Kelsey Young, jefa de Ciencia de la misión. Hasta ese momento el cráter solo había sido fotografiado en expediciones robóticas. Lo que los astronautas están observando es solo el principio: se preparan para observar un 20 % de la cara oculta que jamás ha sido iluminada para un ojo humano, aunque los astronautas de las expediciones Apolo sí habían contemplado antes buena parte. Como resumió el comandante Wiseman «La capacidad de contemplar tanto la Tierra como la Luna desde aquí es verdaderamente asombrosa; es un logro magnífico». Es un nuevo hito de una misión que está cada vez más cerca de hacer historia. A la 1.02 horas de la madrugada del martes la nave sobrevolará y se situará a entre 4.000 y 6.000 kilómetros de distancia de la superficie de la cara oculta lunar. Será también el momento en el que se habrá cubierto el mayor recorrido que haya completado nunca el ser humano: 406.773 kilómetros. Sin embargo, alcanzar esta gloria implica atravesar los 50 minutos más críticos de la odisea. Entre las 00,47 y las 01,27 horas de la madrugada del martes, el mundo contendrá el aliento: la Luna se interpondrá físicamente entre la cápsula y la Tierra, provocando una pérdida total de comunicaciones.

Durante ese silencio absoluto, los cuatro astronautas —Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen— deberán operar de forma autónoma, confiando en sus dos años de entrenamiento mientras sobrevuelan un abismo que muy pocos ojos humanos han vislumbrado. Solo lo habían hecho previamente los 24 cosmonautas que participaron en las misiones Apolo (1968-1972).

Pese a la magnitud del viaje, la vida dentro de la Orion —un espacio del tamaño de dos monovolúmenes— se compone de rutinas sorprendentemente humanas. La tripulación ha informado este domingo que logra descansar «de maravilla», aunque de formas poco convencionales. El comandante Reid Wiseman reveló que la astronauta Christina Koch duerme suspendida boca abajo, «como un murciélago» en el túnel de acoplamiento, mientras Victor Glover se acurruca en un rincón y Jeremy Hansen se estira en su asiento.

«Ser humano aquí arriba es una de las cosas más geniales de esta misión. Somos simplemente personas tratando de salir adelante», confesó Koch. Ese «salir adelante» incluye lidiar con problemas tan prosaicos como fallos en el inodoro debido a la formación de hielo en las líneas de ventilación. En Orión cuentan con dispositivos plegables de contingencia para orina.

Aunque la misión se dirige desde Houston, España juega un papel clave en este «diálogo» espacial. La nave Orion «habla» directamente con las antenas de la Red del Espacio Profundo (DSN) situadas en Robledo de Chavela (Madrid), según explicó Carlos García-Galán, ingeniero español y director de Moon Base de la NASA. Cuando la rotación de la Tierra posiciona a España frente a la Luna, son las estaciones madrileñas las que reciben los datos críticos de la nave para rebotarlos a EE. UU. Además, el sello español viaja en la propia tecnología de la nave: la empresa Airbus Crisa es la responsable del sistema térmico que permite a la tripulación sobrevivir a las temperaturas extremas del vacío.