Las dudas del campeón de Augusta

Dustin Johnson, ganador con récord en el Masters de noviembre, encadena varios malos resultados y destempladas renuncias a torneos


Solo un par de semanas después de superar el coronavirus, Dustin Johnson ganó el Masters de Augusta con la tarjeta más baja de todos los tiempos (-20). Sobre un campo más receptivo por el clima otoñal, el número uno del mundo lograba en noviembre, y sin público, su segundo grand slam (ya tenía el US Open del 2016) y dejaba atrás su fama de soberbio jugador de oportunidades perdidas —cuatro veces había salido líder en la última ronda de un major sin llegar a atraparlo—. La lógica indicaba que, conseguida la proeza, olvidado el lastre de los domingos en los grandes, con 23 títulos del PGA en su palmarés y unas ganancias por premios solo superadas por dos gigantes como Tiger Woods y Phil Mickelson, Johnson comenzaría a enlazar éxito tras éxito. «Pero el golf es muy jodido», como suele resumir el maestro José Antonio Salgado, vigente campeón de España súper sénior y que se recupera estos días del coronavirus que le tuvo varias semanas en la uci. Por eso la lógica no actúa siempre en un deporte donde casi siempre se pierde y pocas veces se gana, y por eso el panorama idílico del número uno mundial no resulta tan sencillo. Así llega a la defensa del título del Masters desde mañana (Movistar Golf, 21.00).

Johnson, que había abierto el año con dos top-10, jugó errático sus tres últimos torneos. Puesto 54 en el WGC Workday Championship, puesto 48 en The Players y puesto 28 en el WGC Dell Technologies Match Play. 

De Tokio a California

A los problemas en el campo le sucedieron las dudas a la hora de confeccionar su calendario. La decisión más controvertida la tomó al renunciar a los Juegos de Tokio aduciendo el largo viaje desde Estados Unidos hasta Japón y lo saturado de compromisos de su verano. Una renuncia, la del número uno del mundo, que daña el proceso de asentamiento del golf en el programa olímpico. Volvió como deporte de pleno derecho en Río 2016, adonde tampoco había acudido Johnson aduciendo entonces los riesgos del virus del Zika.

Los otros dos desplantes los cometió Johnson en otros torneos de renombre. Primero se borró del AT&T Pebble Beach Pro Am, que solía disputar todos los años, aduciendo que lo que le llamaba era compartir partida en el formato por parejas junto a un aficionado, en este caso su suegro, la leyenda del hockey sobre hielo Wayne Gretzky. Pero las restricciones de la pandemia cancelaron ese formato y el número uno del mundo no viajó al emblemático campo de California.

Después, tras su pobre actuación en el WGC Match Play, Johnson se apuntó y se borró en un espacio de apenas 72 horas del Valero Texas Open, el torneo previo al Masters. Otra decisión que alimenta las dudas.

El vigente campeón del Masters, uno de los grandes bombarderos del circuito, con drivers que se acercan a los 400 metros, es todo lo contrario de un romántico. Perseguido desde hace años por turbios episodios extradeportivos —en su adolescencia robó la pistola con la que después se cometió un asesinato, aunque salió absuelto en el juicio y, ya como profesional, se le atribuye en el 2012 una sanción encubierta por su tercer episodio de dopaje, dos por cocaína y uno por marihuana—, Johnson es capaz de ganar 15 millones de dólares sin inmutarse. Ni celebró el birdie en el green del 18 del Tour Championship que le daba el título en la FedEx Cup y, por tanto, el mayor premio de todos los tiempos del golf.

La fiabilidad del número uno

Los resultados y las dudas de Dustin Johnson, uno de los contados jugadores que ha celebrado títulos de forma consecutiva durante sus primeros 13 años en el circuito, resultan relativas. No le quitan el cartel de favorito en las casas de apuestas. Le siguen, como últimamente, Bryson DeChambeau, Jordan Spieth, Justin Thomas, Jon Rham y Rory McIlroy.

Solo Tiger revalidó desde 1990

Y, acompañado de su hermano Austin como cadi, como siempre en Augusta, el número uno del mundo puede estirar desde mañana uno de sus récords: lleva once rondas seguidas por debajo del par en el Masters, más que ningún otro jugador, una más que Tiger Woods —convaleciente de su espeluznante accidente de coche— desde que ganó el título en noviembre pasado.

Woods, como en tantas otras cosas, rompe el molde. También en la defensa de la chaqueta verde que hace Johnson desde mañana. El Tigre fue el único jugador en las tres últimas décadas que revalidó su título en Augusta (2001 y 2002).

Sergio García: «El campo se juega diferente a noviembre»

Sergio García, campeón en el 2017, regresa esta semana a Augusta, después de no haber podido participar en el Masters de noviembre, sintiéndose afortunado y dispuesto a disfrutar de su vigésimo segunda participación en el primer grande del año.

García no pudo participar en la atípica anterior edición del Masters porque dio positivo en la prueba del coronavirus unos días antes del torneo. «Las cosas ocurren porque tienen que ocurrir y hay que aceptarlo», agregó el ganador de la chaqueta verde en el 2017. «El campo se está jugando muy diferente a cómo se jugó en noviembre y está para hacer pocas», comentó el español después de su segunda ronda de prácticas junto con el bicampeón del Masters Chema Olazábal.

García tomó perspectiva al perderse la edición del pasado otoño. «El año que no puedes venir te das cuenta de que es un sitio muy especial y, aunque haya veces que no salga bien, siempre merece la pena estar aquí», razonó el español sobre un torneo en el que no ha pasado el corte en seis ocasiones, dos de ellas en sus dos últimas participaciones, y ha terminado cuatro veces entre los diez primeros.

Como ha ocurrido con otros ganadores de la chaqueta verde, para García, el histórico recorrido de Augusta National guarda el recuerdo de momentos difíciles y de grandes celebraciones con familiares y amigos, cuya ausencia notará esta semana.

Hasta hace unas semanas llevaba más de un año sin ver a sus padres. «Son cosas que no me habían ocurrido en la vida», comentó el golfista de Borriol, que se estrenó en el Masters en 1999 en compañía de su padre, Víctor, como cadi.

«Todo el mundo ha sufrido mucho y hay que llevarlo de la mejor manera posible», dijo Sergio García, hoy número 40 del ránking mundial.

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