Jozi Oliveira, portera del Burela: «Creía que lo mío era el balonmano»

Llegó al fútbol sala por casualidad a los 17 y hoy es una leyenda de Brasil y el Burela


El mito de la pentacampeona del mundo Joziane de Oliveira (Chapecó, 1982) es todavía mayor tras atrapar otros dos títulos con el Pescados Rubén Burela en los últimos 20 días. El Poio Pescamar no pudo batirla ni en la final de la Copa de la Reina ni en la Supercopa. A los 38, disfruta al máximo de un deporte al que llegó por accidente y solo extraña una nueva oportunidad en la canarinha. Pide que atiendan a su rendimiento, y no al DNI.

-Estudió Psicología, me dirá que siempre podemos encontrar una versión mejor. ¿También una deportista de 38 años?

-Claro, siempre se puede aprender, todas las experiencias nos ayudan. En el deporte también. La experiencia es una ventaja. En mi caso, cada vez me siento mejor situada en la portería.

-¿Recuerda su primer partido de fútbol sala?

-Claro. Yo jugaba al balonmano y solo iba con dos amigas a ver los partidos de la madre de una, con su padre de entrenador. Cuando debuté fue a lo loco porque una de las porteras se quedó embarazada y la otra tuvo un compromiso de última hora. Jugaban semifinales de una competición local y no tenían portera, así que, como yo era portera de balonmano, el padre de mi amiga me llamó desesperado. Al final fui por echarle una mano. Desde fuera tuvo que ser muy gracioso verme sacar el pie para tapar pelotas a media altura, un espectáculo. Pero ganamos.

-¿Qué edad tenía?

-17 o 18 años.

-Creo que también jugó al voleibol, ¿no?

-Entrené durante cuatro o cinco años, pero no llegué a competir porque los partidos coincidían y me gustaba más el balonmano. Pensaba que lo mío era el balonmano, no me planteaba jugar al fútbol sala.

-Pero en pocos años llegó a las selecciones brasileñas absolutas de fútbol y fútbol sala. ¿Cómo fue ese salto?

-Sí, jugué un Mundial universitario con Brasil. Éramos casi las mismas jugadoras que en la selección principal, así que tardé poco en integrarme. Estuve alrededor de un año y medio en concentraciones y partidos con el equipo absoluto. Era muy difícil compaginar el fútbol y el fútbol sala, y llegó un momento en el que tuve que decidir.

-¿Cuánto tiempo pasa desde su estreno hasta que alcanza el máximo nivel?

-Empecé en el fútbol sala en el 99 y mi primera convocatoria con la selección de fútbol llegó en el 2004.

-¿Por qué se queda con el fútbol sala?

-Entonces me ofrecían mejores condiciones. Estaba en el Kindermann, que era el mejor equipo de fútbol sala en Brasil, y tenía unas muy buenas condiciones laborales. Era muy parecido al Burela en estructura, solo nos dedicábamos al deporte y tenía una beca del 100 % en la universidad, además de un sueldo y casa y comidas pagadas. Además, vivía en Santa Catarina, un pueblo pequeño. Si elegía el fútbol me iba a un equipo muy grande, el São Paulo, me daban las mismas condiciones, pero era como cambiar Burela por Madrid. No me compensaba.

-Intuyo que es de las personas que tienen facilidad para el deporte desde muy pequeñas.

-Soy muy competitiva, siempre me esfuerzo al máximo. Y tengo cierta habilidad natural. Soy coordinada, alta... Eso ayuda.

-Pero escogió el puesto más ingrato. El resto de compañeras están juntas, ¿la portera se siente sola?

-Yo elegí ser portera. En balonmano era central armadora, pero me gustaba más estar en portería. Mi amor por esa posición surgió de mi padre, que jugaba de portero en maratones. Creo que lo llevaba dentro. Y además soy tímida; estar bajo palos me permitía sentirme más a gusto. Al principio pesa mucho la mochila cuando encajas goles, pero con el tiempo aprendes a gestionar esa responsabilidad y comprendes que aunque estés sola este es un deporte de equipo.

-Cinco veces campeona del mundo con Brasil, tricampeona de Liga, Copa y Supercopa con el Burela... ¿Qué es lo mejor que le ha pasado en el fútbol sala?

-El deporte me ha dado lo mejor de mi vida en todos los sentidos. Estar con la selección es un orgullo, un reconocimiento enorme, pero también me ha dado amistades y cultura, la posibilidad de conocer a mucha gente y muchas lugares.

-¿Y qué le falta por conseguir?

-Aún tengo mucho fuego dentro. Mientras siga disfrutando continuaré. Me encantaría despedirme jugando en Brasil para que mis sobrinos me vean jugar. Quiero estar a un buen nivel, por si tenemos el Mundial 2021 en Brasil, regresar con la selección. Pero lo veo muy difícil porque la gente ve la edad y no mira más allá.

En corto

Burela y Galicia le robaron el corazón cuando llegó hace 12 años. Tanto que tiene serias dudas de si su futuro estará aquí o en Brasil con su familia «de sangre». Lo que tiene claro es que seguirá vinculada al deporte y a la Psicología.

-¿Será olímpico el fútbol sala?

-Lo veo muy lejano.

-¿Y ve avances en el deporte femenino?

-Avanza, pero a pasos muy lentos. Hay progresos aislados. Consigue cosas un club, un país... Pero nunca de forma conjunta.

-¿Se ha sentido discriminada?

-En Burela somos afortunadas, pero en general falta mucho. Va más allá del machismo, de que no nos crean capaces de ciertas cosas, sino en salarios, calendarios, inversiones.....

-¿Son muy distintos Burela y Chapecó?

-Son muy distintos, pero llevo aquí 11 años por algo, pese a tener allí a mi familia de sangre.

-¿Qué es lo que más le gusta de Galicia?

-La comida (me encanta el churrasco), las fiestas típicas, la naturaleza, la gente... Todo, realmente.

-¿Qué hace cuando no compite?

-Me sigo formando, pienso en el futuro. También me encanta viajar y pasar tiempo con mis amigos.

-Después del fútbol sala, ¿se ve en Galicia o en Brasil?

-Todo cambia tan rápido que prefiero no hacer planes a largo plazo.

-¿Seguirá vinculada al deporte?

-Claro, estudié Psicología Deportiva y me encantaría asesorar deportistas y clubes.

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