Albert Oliver, base del Monbus Obradoiro: «Cuanto mayor te haces menos paras»

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Acaba de superar a Chichi Creus como jugador nacional de más edad en la historia de la ACB

09 nov 2020 . Actualizado a las 05:00 h.

Con 42 años, camino de 43, Albert Oliver acaba de superar a Chichi Creus como jugador nacional más veterano en la ACB. Por delante solo hay dos nombres propios que estiraron más sus carreras, Mike Higgins, que se retiró precisamente en el Obradoiro con 43, y Daryl Middleton, que llegó a jugar con 45. Mientras se vea en condiciones, su idea es la de seguir en las canchas y disfrutando de su deporte favorito.

-¿Cómo se definiría a sí mismo?

-No sé, eso lo tienen que decir los demás, Me considero una persona normal, muy casero. Me gusta estar con la familia.

-Pues Ponsarnau se refería a usted, en un diálogo con Moncho Fernández, como «el mito».

-Sí, lo he oído. Tendría que preguntarle a Jaume. Supongo que es porque he superado a Chichi Creus. Soy el tercero de mayor edad en la liga, llevo muchos años jugando.

-El más veterano, Middleton, decía que solo paraba ocho días en verano, porque cada vez le costaba más arrancar. ¿Es ese el secreto?

-Es cierto, cuanto mayor te haces menos paras, porque cuesta más arrancar. En los últimos años nunca he estado parado, sin hacer nada, más de diez días. Si paras, después cuesta. Este año, los seis meses se notaron. Aunque te prepares por tu cuenta, no es lo mismo que en la pista. Tienes que cuidarte.

-¿Cómo se organizó en el confinamiento?

-El preparador físico del Betis hizo una rutina a cada jugador. Teníamos reunión telemática una vez por semana. No sé si fueron cuarenta días encerrados. El primer día que pude salir a correr, pese a haber hecho bici en casa y todo lo que podía, no iba. Al día siguiente notaba las piernas como si hubiese ido a la guerra, supercargadas, con agujetas.

-Me tiene usted pinta de darle bien a cualquier deporte.

-Me defiendo. De pequeño jugaba a fútbol, con mi hermano y mi padre. Era lo más fácil. Ahora, algo al pádel también le doy. Jugué al frontón. Me defiendo.

-¿Cómo se decantó por el baloncesto?

-Por mi hermano. Empezó haciendo taekuondo. Y yo, lo mismo. Hasta los 12 años. Tengo cinturón marrón. Él también comenzó a hacer baloncesto, y le seguí. Empecé con seis años, haciendo las dos cosas. Y luego me centré en el baloncesto.

-¿Qué entrenadores le han dejado más huella?

-He tenido muchos y muy buenos. Pedrosa en el colegio, Nolis en el vinculado de la Penya, Ricard Casas que me dio la oportunidad en el baloncesto profesional... He tenido a los mejores, Aíto, Pedro Martínez, Casimiro, ahora Moncho, Salva Maldonado... He tenido suerte.

-¿Qué jugadores le han impactado más?

-Me impactó mucho Zelko Rebraca, aunque solo estuvo dos meses. Venía de la NBA, con una forma física baja, pero era muy bueno. Lástima que tuvo otra vez un problema de corazón y no acabó el año. En contra, Calderón seguramente es de los más complicados. Bennet era durísimo. Con Eulís Báez he jugado muchos años.

-¿Y los rivales más corales a los que se ha enfrentado?

-El Barça de Xavi Pascual, sobre todo el que ganó la Euroliga. Y el Madrid de Laso.

-¿Qué se ha encontrado en el Obradoiro?

-Desde fuera ya tienes una idea de que están haciendo las cosas bien. Y dentro lo compruebas, viendo cómo funciona el club, muy profesional, viendo cómo lo quiere todo Moncho, que todo esté bien.

-Le falta vivir el Miudiño para tener una idea completa.

-Es una pena. No voy a decir que lo he sufrido, porque me ha gustado siempre ese ambiente, el de una afición que anima mucho y respeta mucho al contrario. Me hubiese gustado vivirlo como local. Aunque las cosas están complicadas, ojalá se puedan solucionar pronto.

-Acaba contrato a mediados de mes. ¿Ve más allá?

-Ahora veo el entreno de esta tarde. Sé que he venido con contrato temporal por la desgracia de un compañero. Este año es diferente, por todo el tema de la pandemia. Yo estoy encantado.

-¿Paladea más los partidos ahora, como los buenos vinos?

-Cada partido que ganamos intento celebrarlo al máximo, y los que perdemos, que no sea un desastre. Creo que estamos compitiendo muy bien y que podríamos llevar una o dos victorias más. El día a día es muy bueno.

-Creo que sus zapatillas no pasan inadvertidas.

-Llevo desde los veinte años con Reebok y las últimas temporadas el modelo es siempre el mismo. Mis compañeros se ríen por eso, pero yo también me río de otras cosas.

EN CORTO

El discurso de Albert Oliver es como su baloncesto, sencillo y directo, en las reflexiones largas y las respuestas cortas.

—En el uno, Oliver. ¿Y quien más, entre los compañeros de todos estos años?

—Rafa Martínez, Pancho Jasen, Eulís Báez y, en el cinco, Rebraka o Edy Tavares.

—¿Sigue la NBA?

—Sí, pero no veo muchos partidos.

—¿Ídolos?

—Mi ídolo NBA, Jordan. De ACB, de pequeño Epi.

—¿Es cocinillas?

—Me defiendo. No hago cosas extravagantes. Veo mucho canal de cocina.

—¿Qué comida no toma por mucho que le insistan?

—Nunca me ha gustado la mermelada. Me acuerdo en el parvulario de ir con la profesora a sacarla.

—Vino, cerveza, agua o refresco para acompañar la comida.

—Agua. El gas no me gusta.

—¿Supersticioso?

—No mucho, pero tengo mis manías como todos. Pie derecho al entrar, me vendo el derecho antes, mismas entradas en la rueda...

—¿Qué le saca de quicio?

—La mentira, que me mientan. Es lo que más me molesta.

—¿Qué valora más en el prójimo?

—La honestidad, que vayan de cara.

—Estaba sobre aviso. ¿Un chiste corto para terminar?

—Soy muy malo en esto. Van dos y se cae el del medio. Es que soy muy malo.

—Sí, ahí no ha estado muy brillante.

—Ya se lo he dicho, los chistes no son lo mío.