Último segundo en el reloj de Kobe

El accidente de helicóptero se lleva por delante a un enorme deportista que alcanzó el estatus de leyenda de la NBA


«En mi primer día con los Lakers, me encontré con el equipo en el Ritz en Washington, y a la 1:30 de la mañana alguien llamó a mi puerta. Así es como descubrí que Kobe no duerme mucho. Me senté en la cama, creo, y él se sentó en la mesa al lado de la televisión. Me dio la bienvenida al equipo y me dijo que era el momento. Era el momento de ganar. Él sentía que yo podría llevarlo a la cima de nuevo y quería asegurarse que yo lo supiera». Así arranca la carta de despedida que Pau Gasol le escribió a Kobe Bryant el día en que el genial jugador de Filadelfia se retiró. Han pasado casi cuatro años desde que la Mamba Negra abandonó las canchas, dejando atrás una carrera de 20 cursos en los que siempre vistió la misma camiseta. Los Ángeles Lakers recibieron en 1995 al jugador elegido en el puesto 13 del draft, a quien los Charlotte Hornets cambiaron por Vlade Divac. Kobe tardó cinco temporadas en obtener su primer anillo de campeón, al que fue añadiendo otro por cada dedo de la mano, hasta completar el repóker en el 2010, ya al lado de Gasol, junto a quien ganó dos.

La hoja de servicios del genial playmaker, ejemplo de disciplina y ambición, incluye dos medallas de oro en los Juegos Olímpicos, 18 participaciones en el All Star y 33.570 puntos en el mejor torneo de clubes del baloncesto mundial. Cifra que en su momento le convirtió en el tercer máximo anotador de la NBA, solo por detrás de Kareem Abdul-Jabbar y Karl Malone. Ayer mismo, su registro quedó también superado por Lebron James.

Para cuando abandonó definitivamente las pistas, machacado por las lesiones (en muy poco tiempo encadenó una fractura de rodilla, una rotura del tendón de Aquiles y otra del manguito rotador del hombro) había alcanzado el estatus de leyenda y así se lo reconocieron en cada estadio por el que pasó durante esa campaña 2015-2016, recibiendo el tributo de los espectadores de cada equipo en competición.

A partir de entonces, Bryant centró esfuerzos en su perfil de inversor y llegó a crear un fondo de 100 millones de dólares para invertir en tecnología, medios de comunicación y datos. Actividad que le permitió dedicar más atención a sus cuatro hijas, la última de las cuales nació en junio del año pasado. Mantuvo su versatilidad más allá del deporte y consiguió ver como su carta de despedida al baloncesto se convertía en un corto de animación con el que compartió su gen ganador. Se llevó el Oscar en el 2018. Un poema, Querido baloncesto, que se cerraba así: «Y los dos sabemos, no importa lo que haga después. Siempre seré ese niño con los calcetines subidos. Un cubo de basura en la esquina. Cinco segundos en el reloj. 5… 4… 3… 2… 1. Siempre te amaré»

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