Robert Moreno, el estudioso del fútbol que entró por la puerta de atrás


No tiene el nombre, ni el carisma ni muchos menos la trayectoria balompédica de Luis Enrique, pero Robert Moreno, que no fue futbolista, es un estudioso del fútbol y era su cerebro en la sombra desde hace casi una década.

La elección del hasta ahora ayudante de Lucho es un guiño al continuismo con red. A priori una apuesta segura si las vacas sagradas de la selección le respetan, pero la decisión no puede estar amparada por un aspecto hereditario. Si el primero no puede, que pase el segundo. Tiene que haber decisiones de más peso en la elección del catalán. La primera, su método: moderno, innovador y que parte de la descodificación de cuanto dato que tenga algo que desmenuzar. Así lo hizo en el Barça B cuando coincidió por primera vez con Luis Enrique y lo repitió en el Olímpico de Roma, en Balaídos y en el Camp Nou.

En A Madroa, en sus tiempos de tercer técnico del Celta, era el hombre de la pizarra, porque salía siempre al campo con los deberes bajo el brazo (en el sentido físico) y era el acompañante de su jefe en las salas de prensa. Nunca se perdió uno de los peculiares discursos del hoy dimisionario, del que heredó una seriedad que roza la antipatía.

Su nombramiento es todo un reto. Primero para Rubiales, que después de tantos incendios puede provocar otro más, después para el propio Robert, porque no es lo mismo dirigir con Lucho a distancia que instalarse en la soledad del seleccionador y, después, para el gremio en sí mismo. Sería más fácil recurrir a un exfutbolista con nombre, conocimientos o al margen, pero en este caso se apuesta por la figura del entrenador. Sin mirar su pasado. Aunque entrase por la puerta de atrás de la mano de Luis Enrique.

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