Un equipazo en la diáspora

Galicia cuenta con 15 jugadores de balonmano militando en la élite fuera de la comunidad, once en la liga Asobal y cuatro repartidos por Europa


Mientras el balonmano gallego sobrevive con el Cangas a duras penas en la Liga Asobal, Galicia sería capaz de formar un equipo de primer nivel con los 15 jugadores que han tenido que emigrar, cuatro de ellos en el extranjeros (Rodrigo Corrales, Diego Piñeiro y David García en Francia y Pedro Rodríguez en Hungría) y los once restantes (Xoán Ledo, Víctor Vigo, Víctor Rodríguez, Iglesias, Borja Méndez, Edu Salazar, Tomás Moreira, Adrián Rosales, Rubén Río, Álex Pascual y Gonzalo Carró) repartidos por equipos de la competición española. El motivo, el nivel deportivo y también el económico.

«Todo va en conjunto. Si estás en un equipo que aspira a más es porque su nivel económico es mayor», resume Xoán Ledo, el lalinense que defiende la portería del Bidasoa, el equipo revelación de la temporada en Asobal, y que con 17 años dejó su casa camino de la base del Barcelona.

Rodrigo Corrales es la punta de lanza del balonmano gallego y uno de los primeros en cambiar de aires. Dejó Cangas camino del Barça, completó su formación en Huesca y de Polonia se marchó a la potente liga francesa para enrolarse en el PSG, un equipazo también en balonmano, que un par de semanas atrás ganó la liga francesa. Un tránsito que le ha llevado a ser un habitual en la selección española.

Pedro Rodríguez, también con experiencia internacional, siguió sus pasos. Primero en La Rioja y ahora ya va por su segundo equipo, el Balatonfuredi KSE, en la liga húngara. «La situación en el balonmano español ahora mismo es difícil, aunque se está recuperando un poco. Los equipos no cumplían, los presupuestos bajaban y casi todo el mundo optó por salir al extranjero». En su caso comenzó en el poderoso Pick para ahora cambiar de aires. Y después de vivir dos experiencias tiene una radiografía clara de las diferencias: «Aquí todos los equipos tienen buenas instalaciones, los pabellones se llenan, eres profesional al 100 % y solo tienes que dedicarte a tu trabajo y la liga es cada vez más fuerte». De hecho cualquier equipo de mitad de tabla paga más que los grandes (Barcelona aparte) de la Asobal.

Diego Piñeiro, que después de muchos años en León decidió dar el salto a la liga francesa, añade el reto deportivo a los motivos de su mudanza. «Necesitaba cambiar y dar un paso más hacía una liga más profesional y con más nivel. Consolidarme y hacerme fuerte en el extranjero». Por eso apostó por el Dunquerke, flamante finalista de la Copa francesa. «La liga francesa está un pasito por delante».

En la competición española permanece Xoán Ledo, otro portero que casi calca los pasos de Corrales: Barça, paso por el Villa de Aranda y ahora destacando en Irún. «En Galicia no había muchas oportunidades cuando yo era más joven. Me fui al Barça porque era una ocasión irrechazable». El lalinense lamenta que en Galicia no se apostase por su deporte en el momento álgido que coincidió con el último paso del Cangas por Europa. «No se aprovechó para venderlo bien y ahora el balonmano gallego está como está. Con el Cangas luchando siempre por no bajar y con el Teucro subiendo y bajando». Porque a los tres les encantaría formar parte de un proyecto que aglutinase a todos los emigrantes para formar un equipo competitivo de casa. «Casi todos somos de la misma quinta y no se aprovechó», indica Pedro.

Mientras, admiten sensaciones encontradas a la hora de evaluar lo que significa su presencia en el exterior para el balonmano gallego. «Es bueno porque los niños nos ven y es un escaparate para ellos y una pena porque no exista un equipo gallego que sea capaz de competir con los de arriba. A mí me encantaría volver a Galicia», comenta con rotundidad Diego Piñeiro. «Para mí estar fuera de Galicia es lo peor. Está bien tener una experiencia fuera de casa, pero al final lo que todos queremos es estar al mismo nivel competitivo pero en casa», incide el pivote vigués.

No parece que esa idílica situación se vaya a dar a corto plazo. El último amago tuvo lugar el curso pasado cuando el Celta tuvo contactos para formar un equipo de balonmano, pero todo quedó en nada. «Se habló de que el Celta podría hacer un buen proyecto y fue una pena porque con estos jugadores que estamos fuera se podría hacer una buena plantilla», dice Pedro Rodríguez, que no tiene dudas: «Si en tu casa te dan algo similar a lo que tienes fuera está claro que lo vas a coger». Por el momento tendrá que seguir haciendo las maletas. La emigración del siglo XXI..

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