María Vilas, así se reinventa una nadadora

Superada su retirada de la piscina por depresión, empezó de nuevo en Pontevedra, adelgazó 10 kilos, disfruta de sus avances y sueña con Tokio 2020


Redacción

Esta es una historia dura con final feliz. Con varios altibajos ya para una nadadora prodigiosa de solo 22 años. El último capítulo, en el que ha conseguido encajar el deporte, el disfrute y la vida cerca de su casa de Ribeira, comenzó en junio del pasado 2018, con una llamada de teléfono a la entrenadora que la impulsó a la élite, Luisa Domínguez.

-Creo que estoy preparada, pero tengo miedo de volver a caer. ¿Todavía tengo algo dentro?

A finales de agosto, Vilas y Domínguez se reencontraron en el Centro Galego de Tecnificación Deportiva (CGTD) de Pontevedra. Para empezar un segundo viaje a la élite, con el poso de la experiencia. Quedaban atrás, al menos, cinco etapas diferentes en apenas tres años. Hasta septiembre del 2015 creció como una disciplinada nadadora de talla internacional gracias a su esfuerzo en Ribeira primero y en Pontevedra después. Se incorporó luego al grupo de élite de Fred Vergnoux y Mireia Belmonte, se dejó la vida en el intento de ser olímpica y lo consiguió en agosto del 2016, una experiencia tan intensa como para saber que no la quería repetir. En otoño de ese año buscó su sitio en el CAR de Madrid, un centro de élite diferente, pero donde todavía pagó en forma de depresión la resaca de su infernal esfuerzo para alcanzar los Juegos. Unos meses después se retiró de la natación para iniciar una nueva vida como una adolescente anónima en Madrid.

Hasta que en octubre del 2017 recuperó la ilusión por la piscina, como una más, en Alcobendas. Aquella quinta etapa encendió una chispa y, sin pretenderlo ni saberlo, ya volvía a ser nadadora. Otra nadadora, más madura, más volcada en disfrutar del camino y los porqués del alto rendimiento. Desde este sábado da otro paso simbólico en su reinvención en el Campeonato de España Open de Sabadell, donde dentro de 12 meses se jugará el billete olímpico a Tokio 2020.

Esta vez, la crónica de la nueva etapa de Vilas la relata Luisa Domínguez, la entrenadora que atendió la llamada con la que todo volvió a empezar. «Claro que tenía algo dentro todavía. La animé a volver. ¿Por qué no iba a ser la de antes o mejor?», explica la responsable del grupo de natación en Pontevedra.

Vilas optó a una plaza externa en el CGTD, se instaló en un piso con su amiga del alma, la también nadadora Bea Gómez, y pidió un permiso en Decathlon. Quería entrenar sin distracciones. Aunque empezaba casi de cero. En septiembre pesaba 73 kilos; a mediados de noviembre, 66; y ahora ronda 10 menos que cuando regresó a Pontevedra. Bajaron los porcentajes de peso graso, crecieron los de músculo. Y dejó de ser «aquella cosa que flotaba en el agua y era doblada por sus compañeros», como le sucedió las primeras semanas de regreso al CGTD. «Pero no dejaba de reírse de sí misma», recuerda su entrenadora.

De aquel primer momento en el que nadie hablaba de objetivos, Vilas pasó a citar Tokio como un reto, como le contó en enero a Sofía Toro en La Voz.

«En cada nueva prueba, bajaba sus marcas, como le pasa a los niños. Pero ahora es una María más madura. Antes venía a entrenar porque sí, y hacía todo porque le mandaban; ahora es ella la que participa del proceso y pide más. En el camino a Río solo fue feliz una vez, cuando alcanzó su meta, mientras que ahora prefiere saborear el día a día», ilustra Luisa Domínguez. En ese pedir más, el equipo fue creciendo. Al segundo entrenador y preparador físico, Fernando Zarzosa, se unieron el nutricionista Juan Crespo y la psicóloga Sandra Tabasco. Esta, la misma que hace dos años le animó a parar aquel viaje a ninguna parte, cuando la vio en la Blume sin ilusión por el deporte, la ayuda desde Madrid.

Vilas pide más. Como hace unos días, antes del nacional Open de Sabadell, para desvincular su deseo del refuerzo de una marca o de la rabia de un resbalón que puedan venir ahora. «Luisa, me da igual el resultado del Open, quiero hacer más, no quiero estar parada el sábado por la tarde ni todo el domingo. Si pretendo grandes cosas, debo hacer más», le acaba de pedir a su entrenadora. Su ejemplo tira del grupo de chavales del CGTD.

Una larga hoja de ruta hacia Japón

Vilas afronta desde el sábado la cita que, dentro de 12 meses, le debe clasificar para los Juegos de Tokio. Aunque aún no está ni a medio camino del largo viaje hacia Japón. Dando pasitos cortos, aunque decididos. Como quería disputar el nacional de invierno, buscó las mínimas de 400 estilos y 200 braza en el Open de Madrid. Luego en diciembre disputó el Gallego y la Copa de España, en febrero el meeting de Póvoa y en marzo el Open de Madrid. «Al haber entrenado tan poco tiempo, no quería que se desilusionase, pero fue haciendo marquitas decentes, progresando cada vez que se tiraba al agua. Ahora es ‘‘María la que vuelve’’, pero el año que viene será ‘‘María la de antes’’. y queremos ir con más presión a buscar la clasificación», indica Luis Domínguez. Vilas disputará en Sabadell los 1.500, 800 y 400 libre, y en verano, el Campeonato de España, con el reto de entrar en el equipo nacional para tener derecho a concentraciones en el 2020.

 

María Vilas: «No sé si llegaré a Tokio»

Sofía Toro
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Charla entre María Vilas y Sofía Toro en una nueva entrega de «Triunfadoras» María Vilas fue, y es, una de las mejores nadadoras gallegas de todos los tiempos. Pero el esfuerzo al que le sometió su preparación para Río 2016 le produjo un cuadro depresivo y se alejó de la natación un tiempo.

María Vilas fue, y es, una de las mejores nadadoras gallegas de todos los tiempos. Pero el esfuerzo al que le sometió su preparación para Río 2016 le produjo un cuadro depresivo y se alejó de la natación un tiempo. Reconciliada con la piscina, volvió a Pontevedra para tantear el camino a sus segundos Juegos, pero enfocando el día a día de otra manera. Recuperada la sonrisa, protagoniza la tercera entrega de las conversaciones de Sofía Toro con otras deportistas de élite.

Los deportistas de élite vivimos situaciones de presión en torno a la competición en donde las duras cargas de trabajo pueden causar grandes problemas. El caso de María Vilas (Ribeira, 1996), que dejó la natación después de participar, con apenas 20 años, en los Juegos Olímpicos de Río, es uno de los que hacen pensar dónde están los límites del alto rendimiento. Ella decidió dejarlo todo y pasó dos años separada de la piscina, viviendo en Madrid y dedicándose a trabajar y estudiar. Hoy hablamos en la piscina del Centro Galego de Tecnificación Deportiva de Pontevedra, donde vivió y entrenó la mayor parte de su carrera y donde se prepara desde hace unos meses para volver a su mejor nivel.

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