El CRAT, campeón de la División de Honor de rugbi: «El año que viene, volveremos»

El equipo coruñés comparte su segundo título nacional en La Voz exigiendo recursos para el deporte femenino y mostrando una ambición profesional en un entorno «amateur»

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«El año que viene, volveremos» El CRAT comparte su título de División de Honor en La Voz exigiendo recursos para el deporte femenino y mostrando una ambición profesional en un entorno «amateur»

La Voz

El CRAT se ha instalado en el triunfo, como concepto. A pesar de todas las dificultades que supone practicar un deporte no profesional minoritario desde Galicia. Todos los estamentos del club coruñés realizan una interpretación transversal del segundo Campeonato de División de Honor y arrancan conceptos como equipo, superación, renovación, ambición, cantera, cimientos históricos y futuro. Todo, en una disciplina que, a pesar de ser olímpica en su modalidad de seven, no tiene garantizada la vida eterna.

La plantilla campeona de España quiso compartir con los lectores de La Voz su satisfacción por un éxito histórico para el deporte gallego, al tiempo que arrojó a la palestra una profunda reflexión sobre la extrema dificultad que supone para una mujer sobresalir en una disciplina situada en el extremo opuesto al fútbol en toda la extensión de la palabra.

Ya desde la propia Federación Española de Rugby (FER) se produjo el primer agravio, asignando un campo menor a la final de la División de Honor femenina, cuando había prometido a los clubes que sería el Central, el estadio de rugbi en España por antonomasia.

Alicia San Martin lo resume así: «No creo que la diferencia sea Galicia o Madrid, sino fútbol y el resto de los deportes. Y si encima eres mujer, pues ya… A veces piensas que hay detalles en los que se mejora, pero si echas la vista atrás, tampoco se ha mejorado tanto». Melani Abad añade: «Hay incluso disciplinas en una situación peor. Con carencias que piensas… ¿pero cómo a día de hoy podemos seguir así? O tener que irse para competir». «Somos campeonas, pero al final, todas a trabajar», apunta Silvia Vázquez. «En España aún queda mucho para vivir del rugbi. Ni aunque sea olímpico», concluye Belén Martín.

Hipotecar la vida

Insiste Melani Abad: «Los ejemplos que tuvimos en el equipo de jugadoras olímpicas [se refiere a Paula Medín y Vanessa Rial] es porque ellas han hipotecado su vida. Ahora se encuentran con treinta y pico años y sin haber cotizado, sin tener la vida encarrilada laboralmente, planteándose oposiciones…». El entrenador ayudante Pablo Artime zanja: «Es porque han renunciado a quince años de su vida».

«El problema de raíz es habernos quedado sin campo. Consideramos que es el de la Torre. Pero el ayuntamiento decidió implantar una superficie que no sirve para el rugbi. La culpa no es del fútbol, sino del que gestionó eso», concluye el expresidente, exentrenador y analista de vídeo, Juan Carlos Fernández.

En este contexto, el cuerpo técnico dirigido por Elena Roca ha conseguido, en base al compromiso no remunerado, armar un vestuario con 46 licencias que mezclan el primer equipo y el filial (campeonas nacionales y autonómicas esta temporada) y un equipo técnico especializado con analista de vídeo, entrenador de melé y preparación física específica. «Es la primera vez que como entrenador me siento arropado por un cuerpo técnico como este. Parecía algo de otro mundo. Yo aprendo con ellas en todas las facetas», corrobora Pablo Artime.

A pesar de todo el lastre, el espíritu del rugbi es más fuerte. Primero por la motivación que sostiene a cada jugadora («dábamos un grito por el CRAT y otro por el INEF. Eso no se vería en el fútbol», dice Alicia San Martín, mientras Melani Abad corrobora: «Era la fiesta del rugbi. Las llamamos, y no se querían bajar del autobús) y también a nivel colectivo («Nos han facilitado mucho la adaptación. Venir de fuera no ha sido un problema, y eso que nos decían que en el norte la gente era diferente», relata la granadina Belén Martín).

«Este equipo ya ha marcado una época, no solo ganando su segunda División de Honor, sino habiéndolo hecho al mismo tiempo que el filial se imponía en el Campeonato Gallego», asegura Juan Carlos Fernández.

Una plantilla obligada a renovarse

La División de Honor tiene un campeón de largo recorrido. La entrenadora, Elena Roca (un mito en el rugbi femenino español) avanza: «El equipo tiene una base muy sólida. No depende de las entradas y salidas. Lo que queremos es que ellas jueguen felices. Si toca ganar cinco años seguidos, perfecto. Pero, si tienen que enseñar a las que vengan nuevas, perfecto también. No vas a supeditar a tu ego de entrenador por ganar todo, su situación respecto al rugbi».

Lo cierto es que el CRAT es un equipo obligado a reinventarse cada año, debido a la debido a la modificación de las circunstancias personales y laborales de sus jugadoras, especialmente las foráneas. Alba Rubial (procedente de Sanse Scrum) lo ve de este modo: «Este año vinimos muchas jugadoras nuevas. Por un lado, hemos aportado esa ilusión al equipo. Por otro, nos ha costado comenzar a rodar y conseguir las primeras victorias. Era mucha gente la que había que encajar en un equipo ya formado». «Empezamos perdiendo cuatro partidos y no nos veíamos vencedoras de la Liga. Pero seguimos creyendo en nuestro juego», analiza.

Como contrapunto, Elsa Porto acumula experiencia internacional y fue campeona en el 2015. «La sensación es distinta porque el equipo es prácticamente nuevo. Nos acordamos de aquella final, pero, sobre todo, de la que perdimos en el 2017 ante el Olímpico, cuando el marcador era 21-5, igual que en aquella ocasión. Las capitanas hicieron buen trabajo con eso, mantuvimos el ritmo, la cabeza y la concentración», relata. «Ahora hay que seguir trabajando así, construir un buen equipo y, después de celebrar este título, ¿qué hacemos? Pues pensar en el siguiente», aventura.

También Elena Roca tiene «intenciones de más, aunque hay que ir poco a poco y saboreando el presente». «Hubo muchos subcampeonatos de mucha gente para llegar hasta aquí. Han tenido que sufrir esas derrotas para aprender lo que es y eso les da más fuerza para seguir queriendo estar ahí. Es más bonita una Liga más igualada. Este año nos ha encantado», añade.

«Siempre me pregunté cómo se viviría como entrenadora, qué diferencias habría. Los nervios… Es mucho más divertido como jugadora», explica. «Cuando yo empecé, íbamos a entrenarnos seis personas. Después intentabas conseguir quince para un partido y aparecían doce. Ha evolucionado el rugbi femenino. La dedicación es profesional. Me quedo más con el aprendizaje de equipo que con el propio título», concluye.

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