El CRAT, o la teoría de la evolución en el rugbi

El domingo jugará la final de la División de Honor contra el INEF en Madrid


La Voz

El CRAT, a punto de hacer historia. Otra vez. Como desde hace casi una década. El domingo a las once de la mañana, el campo de Las Terrazas en Alcobendas (y no en el Central, como había prometido la federación española), acogerá la final de la División de Honor, la máxima competición femenina del rugbi español. El equipo coruñés, al igual que su rival, el INEF de Barcelona, es uno de los pioneros de la alta competición. El partido no es más que un hito más en el camino de dos entidades que fraguaron el deporte oval en España.

Sin embargo, el crecimiento del CRAT es todavía más meritorio, por el contexto en el que se ha dado, y por haberse cimentado en las categorías de base. «Aunque su intención es regular en beneficio del rugbi, la Federación Española (FER) a veces no se da cuenta de que no es lo mismo aplicar esas normas en Madrid que en Galicia. Por ejemplo, cuando nos obligaron a tener un equipo filial. En Galicia no hay tantas licencias y ya nos costaba reunir jugadoras para el principal», explica el presidente Pedro López-Sors. El CRAT hizo de la necesidad una virtud y no solo creó un equipo B, sino que acabó ganando con él la Liga Gallega.

En un campeonato en el que la mayoría de los clubes son de Madrid, los desplazamientos suponen otra penalización económica y física. «Nuestros rivales van a jugar en metro. A nosotros nos cuesta muchos miles de euros y muchos días desplazar a casi treinta personas en cada ocasión», argumenta.

La entrenadora (junto a Pablo Artime) y exinternacional, Elena Roca, apunta otro problema: «No tuvimos opción a jugar ningún amistoso de pretemporada. Nuestro debut real fue contra el Majadahonda Liga. Teniendo en cuenta que el grupo y el cuerpo técnico eran nuevos y que habíamos introducido conceptos tácticos complejos, por inusuales, el mérito es todavía mayor», explica.

El cuerpo técnico del CRAT incluye un analista de vídeo, una preparadora física específica, un entrenador de melé con experiencia en el alto nivel y predica con el ejemplo. Como el día en que Roca y Artime llegaron a las siete de la mañana tras haber dirigido al equipo de División de Honor en Barcelona y se fueron directamente al autobús del filial, que tenía compromiso autonómico en Ferrol. «En realidad, no hay primer y segundo equipo. Todas entrenan juntas. No ha sido sencillo gestionar un vestuario con 46 integrantes, como tampoco lo que ese mismo vestuario asuma, manteniendo la cohesión, la llegada de jugadoras de fuera, tanto españolas como, por ejemplo, neozelandesas. Esos fichajes no son cuestión de dinero. Es una pasada que ellas quieran venir a A Coruña y no a Madrid para jugar al rugbi. Es porque tienen buenas referencias del CRAT y de Galicia. Y nosotras podemos aprender de ellas. El beneficio es mutuo», concluye.

Las campeonas del 2015

«Era una temporada de transición. Ese era el objetivo real. Queríamos crear un equipo cohesionado. La exigencia era solo histórica, que ya era bastante», dicen al alimón Elena Roca y Pedro López-Sors.

«Pero es que lo llevamos demostrando diez años. La implicación de las jugadoras y del cuerpo técnico es la que hace que esto salga adelante. Y las jóvenes siguen el ejemplo sabiendo que son ellas las encargadas de mantendrán el rugbi de élite en A Coruña», añade la capitana, Mónica Castelo, que considera que «la diferencia a la hora de gestionar es la exigencia que te marcas». «El 85 % del objetivo se consigue con gente de la casa, pero los fichajes son necesarios para aportar un plus de competitividad», matiza. «En saber gestionar ese equilibrio está el éxito», concluye. «Mi mejoría, por ejemplo, se produjo cuando vino a jugar Rocío García», recuerda.

La plantilla

Mónica Castelo es una de las que vivió el título logrado ante Getxo en el año 2015. Selene Roz y Danae Viñas se prodigan más en el equipo de autonómica, pero en el de División de Honor todavía militan de aquel equipo campeón Alevín, Elsa, Laura y Silvia, Turena, Raquel, Paula y Olaya.

Completan la plantilla de esta temporada lass pilieres Melani, Paula (también talonadora) y Baye; las aperturas Bea (zaguero), Michaela Baker, Ana Iglesias (medio melé), las segundas Sara, Belén (tercera); las terceras Natalie, Lucía (medio melé), Sara, Judith, Alicia; las alas Jessica, Ainhoa, Mariana (centro), Joana (zaguero), la medio melé Alba y la centro Micaela.

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