Las líneas rectas de Vinicius

El extremo brasileño usa pilas alcalinas, no deja de insistir una y otra vez en busca de la portería rival


A Vinicius le da igual tirar una perpendicular, una paralela o una diagonal, con un matiz: siempre que puede, busca la línea recta más rápida para llegar al área rival. Y esa manera de entender el fútbol la envuelve en la perseverancia y la explosividad.

Tiene muy claras las matemáticas. Si acaso, le falta mezclarlas con algo de filosofía para acompañar esa verticalidad con un punto de pausa, porque en el fútbol, a menudo, tan importante como la velocidad es saber frenar y decidir bien.

De lo que no cabe duda es de que con él en el campo siempre hay una amenaza para el rival. Con balones al espacio y metros por delante para correr se multiplica la sensación de peligro. Y cuando su par tiene tiempo para taparle las vías de paso y recibir el auxilio de algún compañeros, la velocidad deja paso al atrevimiento. A menudo busca las acciones de uno contra uno.

Y, aunque no es lo mismo correr para delante que para atrás, por más que debería, el joven brasileño no se desentiende de la contención. Tiene piernas y pulmón, y le va entrando la vocación de echar una mano en las tareas de recuperación del balón.

El más incisivo

En la primera parte, Vinicius obligó a que interviniese el VAR por una caída en el área, sirvió un balón de oro a Benzema que sacó con el pie Ter Stegen, puso a prueba al portero alemán con un lanzamiento forzado dentro del área, remató de primeras un centro lateral que se fue alto por muy poco... Estuvo en todas las salsas, sin dar la sensación de tener un gran día.

En la segunda mitad siguió por el mismo camino: se fue de Piqué con un amago pero se atascó en el área; sirvió un gran pase a Reguilón y voló Ter Stegen para enviar a córner; enfiló por el callejón del centro para dejar atrás a Busquets, recortó en el área a Semedo y Piqué e, in extremis, se recuperó el lateral para enviar a córner...

A Vinicius le faltó el gol. Pero, una vez más, fue casi el único argumento de ataque de un Real Madrid que echa mucho en falta un matador en el área. El Barça no generó más peligro, ni llevó el peso del partido. Pero fue mucho más efectivo.

En todo caso, Vinicius volvió a dejar el sello de un jugador que está. Y es de los que está porque no para. Prueba una y otra vez, lo intenta, le da igual si se atasca o no, porfía, y para el espectador tiene un valor añadido, el del futbolista de los que antes se llamaban de calle y que ahora escasean cada vez más porque los críos no tienen rúas donde poder jugar a la pelota. Y si las hubiera probablemente preferirían marcar sus goles en las videoconsolas.

Vinicius reconcilia al espectador con la esencia del fútbol, porque busca la portería y de él siempre se puede esperar una acción diferente. Si consigue ponerle pólvora a sus galopadas acabará haciéndose sitio entre los grandes nombres del fútbol mundial. Todavía es un juvenil con mucho recorrido por delante.

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