¿Qué fue de los fondos de inversión?

Prohibidos por la FIFA en el año 2015, estos grupos a los que clubes de la clase media en apuros se agarraron como tabla de salvación, mantienen su actividad en el fútbol a través de nuevas fórmulas


La sentencia del Caso Bosman, publicada en diciembre de 1995, marcó un antes y un después en el mundo del fútbol. Este punto de partida en lo que podría entenderse como liberación del mercado de transferencias de jugadores iba a multiplicar, con el paso de los años, el número de operaciones de compra y venta de futbolistas. Y, como consecuencia, la aparición de nuevos actores en el mercado. Uno de estos son los fondos de inversión, que vieron en el fútbol una importante vía de negocio.

Alabados por unos, detestados por otros, estos grupos de carácter económico han sido la tabla de salvación de muchas entidades, a las que han permitido contar con importantes futbolistas a los que de otra manera les hubiera sido imposible optar. Sin embargo, la FIFA, en aras de la transparencia y la limpieza en el fútbol, inició contra ellos una guerra que dura ya diez años. En el 2015 aprobó la prohibición de que un tercero pudiera participar «parcial o totalmente del valor de un futuro traspaso de un jugador de un club a otro», lo que se traduciría en un duro golpe a estos fondos de inversión.

Esta medida volvió a transformar el mercado financiero balompédico, pero no acabó definitivamente con estos grupos, que se han reinventado para mantenerse en el negocio del balón.

¿Qué se entiende por fondo de inversión?

La Comisión Nacional del Mercado de Valores define fondo de inversión así: «Instituciones de inversión colectiva. Consisten en un patrimonio formado por las aportaciones de un número variable de inversores, denominados partícipes. El fondo lo crea una entidad, la gestora, que es la que invierte de forma conjunta esas aportaciones en diferentes activos financieros siguiendo unas pautas fijadas de antemano».

Trasladado al mundo del fútbol, esa inversión se realiza en derechos económicos de futbolistas, generalmente jóvenes y con gran proyección. El grupo se hace con un porcentaje de un jugador, cuyos traspasos generarán una plusvalía.

¿Cuándo nacen?

Como cualquier proceso que se establece a lo largo del tiempo es difícil situar el germen del mismo. Pero las primeras operaciones se detectan en países sudamericanos, principalmente Argentina y Brasil, a finales de los años noventa.

La primera gran operación internacional con enorme repercusión tuvo lugar en el verano del 2006 cuando Mascherano y Tévez se fueron del Corinthians al West Ham, club que utilizaron como puente para recalar posteriormente en otros equipos de la Premier. Dos años antes, el grupo británico Media Sports Investiment se había hecho con los derechos económicos de ambos futbolistas, que no superaban los 20 años, por una cantidad que rondaba los 35 millones de euros. La transacción fue previa a su desembarco en el club brasileño.

Esta operación de desembarco de estos jugadores en Europa hizo saltar las alarmas en la FIFA, que a partir de ahí puso su foco en los fondos.

¿Son legales?

El fútbol, como actividad con relevancia económica, está sometida a la normativa de competencia de la Union Europea, de modo que no difiere de cualquier otra actividad mercantil o comercial, al menos, a efectos jurídicos. Por lo tanto, legalmente no existe prohibición alguna para que un grupo económico invierta en futbolistas, como si lo hace en ladrillo o plantaciones agrícolas.

Distinto es que la FIFA, amparándose en el artículo 165 del Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea, establezca una regulación interna para el mundo del fútbol contraria.

Así, en mayo del año 2015 instauró la prohibición de los fondos de inversión, algo que encuadró dentro del artículo 18ter del Reglamento sobre el Estatuto y la Transferencia de Jugadores. En el punto 1 del mismo establece: «Ningún club o jugador podrá firmar un contrato con un tercero que conceda a dicho tercero el derecho de participar, parcial o totalmente, del valor de un futuro traspaso de un jugador de un club a otro, o que le otorgue derechos relacionados con futuros fichajes o con el valor de futuros fichajes».

Es decir, que solo los clubes pueden ser propietarios de los futbolistas y negociar con ellos.

¿Por qué se oponen la FIFA y la UEFA a los fondos?

En un artículo publicado en la página web de la UEFA en marzo del 2013, el entonces secretario general del organismo europeo y actual presidente de la FIFA exponía los motivos por los cuales defendía un «no a la propiedad compartida».

Aseguraba entonces Infantino que aceptar que un tercero pudiera tener derechos económicos sobre jugadores «supone un dilema ético y moral», porque el futbolista no tendría libertad «para decidir sobre su propio futuro». Podría producirse un caso de esclavitud moderna.

Alertaba, asimismo, de la posibilidad de que un mismo fondo tuviera varios jugadores, lo que provocaría «un claro riesgo de conflicto de intereses» y «el riesgo de una manipulación de los resultados». En tercer lugar, Infantino sostiene que el hecho de que estos grupos inversores se vean beneficiados por el aumento de traspasos, genera «una estabilidad y que a largo plazo los ingresos salgan del ámbito de este deporte».

Por todo ello, considera que «esta práctica es claramente incompatible con la filosofía económica y deportiva del juego limpio financiero, que consiste en garantizar que los clubes puedan vivir dentro de sus posibilidades»

¿A quién beneficia esta prohibición?

La postura de la FIFA sobre los fondos de inversión cuenta desde el principio con fuertes opositores, por tanto en cuanto, son muchos los que defienden que supone un beneficio claro para los grandes clubes del fútbol, principalmente europeos, y un claro perjuicio para la clase media.

Uno de estos críticos es Vicente Montes, prestigioso abogado especialista en derecho deportivo que entre otros importantes casos participó hace 18 años en la salida de Luis Figo del Barcelona y su llegada al Real Madrid..

«Los equipos grandes reaccionaron ante el temor de que el talento se les encareciera. Porque si un club menor puede invertir en talento gracias a la aportación de capital externo, a los grandes les resultará más costoso adquirir ese futbolista con posterioridad», expresa el abogado extremeño.

En esta línea, son muchos los profesionales que entienden que «el problema no es que haya fondos, sino que no se regulen sus actuaciones».

«Es cierto que ha habido sentencias del TAS en contra de contratos entre fondos y futbolistas que resultaban leoninos -explica un buen conocedor del asunto que por cláusulas de confidencialidad prefiere mantener el anonimato-. Si aislamos estos casos extremos, perfectamente anulados, conviene no olvidar que de esta forma decenas de jugadores pudieron ser promocionados, y se dinamizó el mercado. Llegó dinero y jugadores a clubes y zonas ante olvidadas. De esta manera, se beneficiaron futbolistas con proyección y equipos que, sin esta inyección económica de los fondos, no hubieran podido nunca aspirar a este talento. Eso, en España, por ejemplo sirvió para aumentar el nivel competitivo de clubes como el Atlético o el Sevilla e igualar, de esta manera, los torneos. Por eso, estos fondos no deben quedarse al margen… Son un instrumento muy importante. Bien regulado, podría aumentar e igualar el nivel de las competiciones».

La teoría de los defensores de los fondos es clara: Cada vez más, los clubes de primer nivel tratan de controlar el mercado para adquirir promesas a bajo precio. Con la existencia de los fondos -siempre de un modo bien regulado- ya no tendrían acceso directo a este tipo de jugadores, que darían el salto a Europa a través de estos inversores para reforzar equipos de menor relevancia. Así, el club de clase media se beneficiaría de este talento, despuntaría y su valor aumentaría. Sería el momento en el que se encarecería su valor para esos clubes punteros, que se niegan a esta inflación.

¿Con la prohibición han desaparecido los fondos?

No. Pero sí que limitó su funcionamiento. Hecha la ley, hecha la trampa, existen formas para burlar el control de la FIFA. La principal es que los fondos hagan préstamos a los clubes con cargo a futuros ingresos de traspaso de jugadores. Siempre que no se registre una injerencia en el futuro deportivo del futbolista, no hay irregularidad. Incluso esta supuesta intromisión podría darse en un contrato privado paralelo que no quedara registrado en la FIFA.

Este préstamo a devolver con ingresos futuros de un traspaso no es sino una práctica habitual en la Agencia Tributaria y entidades bancarias para que los clubes reduzcan su deuda. Pignoraban o embargaban los derechos de los jugadores y en el momento de su venta ingresaban un porcentaje de la misma.

Además, la FIFA permite que los futbolistas sí sean propietarios de sus derechos económicos, lo que también puede generar la artimaña de que los consigan previo contrato privado con un inversor.

 De la inversión en futbolista a la compra directa de clubes

Si bien la FIFA ha conseguido controlar muchos fondos, le resulta imposible una efectividad del cien por cien. Su lucha ha llevado a algunos de estos inversores a dar un paso al lado. Pero en otros casos, lo que han hecho no es otra cosa sino reinventarse, pasando de la inversión en futbolistas a controlar directamente los clubes. La venta del Milan por 740 millones de euros a un grupo chino es uno de los casos más sonados.

Portugal es otro caso en el que durante años hubo un auge de los fondos. El expresidente del Sporting, Bruno de Carvalho, fue uno de sus máximos combatientes: «Mi lucha no es contra la opción de que los clubes recurran a entidades financieras, sino contra la llegada al mundo del fútbol de dinero que no se sabe de dónde viene, cuyos dueños no se sabe quiénes son, que tienen relación con paraísos fiscales, que pueden tener que ver con las apuestas ilegales, que pueden tener que ver con (el tráfico de) drogas», alertaba en una entrevista a Efe en el año 2016.

Otro caso que existe es el de la multipropiedad. Un empresario o fondo de inversión posee varios clubes que emplea para ir colocando las decenas de futbolistas que tiene en nómina. La familia Pozzo dueña de clubes como el Udinese, el Watford, y durante algunos años vinculada al Granada o al Cádiz, supone un claro ejemplo.

¿Puede un particular participar del accionariado de varios clubes?

Nada ni nadie lo impide, siempre y cuando no coincidan en una misma competición. Un particular o un grupo inversor puede tener participación en diferentes clubes, mientras que la legislación nacional en casa país no establezca un porcentaje tope. Un ejemplo claro es el City, que tiene un club en Inglaterra, otro en Estados Unidos, otro en Australia... Entre ellos no son competencia.

Una controversia reciente tuvo lugar la pasada temporada, cuando el Leipzig y el Salzburgo coincidieron en la Liga Europa. Dos clubes con un escudo similar, un patrocinador común, mismos colores... Y, supuestamente, mismo propietario: Red Bull. Sin embargo, la firma de bebida energética argumentó y demostró que en el caso del club austríaco solo ejercía como patrocinador.

¿Utilizan los fondos algún club para sortear el control de la FIFA?

Vicente Montes, que lleva años afincado en Argentina y conoce a la perfección la realidad del mercado sudamericano lo asegura con nombres y casos concretos: «En la Liga española se produjo un caso no hace mucho. Jerónimo Ruli llegó a la Real Sociedad procedente del Deportivo Maldonado. Por todos es sabido que detrás de este club uruguayo hay un fondo de inversión de capital fundamentalmente argentino, que han comprado jugadores y los han traído a Europa a través de este club».

 ¿Y en Europa?

En Europa, en muchas ocasiones, se disfrazan la financiación a clubes por parte de grupos inversores y de gobiernos, de forma de publicidad.

«Alguien cree que el turismo catarí puede patrocinar clubes de primer nivel como se nos hace creer. Pero si no existe el turismo catarí como tal. Los miles de millones que dan no tienen como objeto promocionar este emirato, sino que es una subvención encubierta», reflexiona Montes.

Un excéltico y un exdeportivista, primeros en ganar en el TAS

Alexandre Centeno

Vasco Fernandes y Brayan Angulo lograron liberarse en el tribunal deportivo de su grupo inversor

Antes incluso de que la FIFA prohibiera los grupos inversores, el TAS ya había creado jurisprudencia contraria a esta práctica considerada por muchos como esclavista. El primer laudo del tribunal deportivo tuvo lugar en el 2012 y su protagonista fue Vasco Fernandes, un exfutbolista del Celta.

El tribunal deportivo entendió que el contrato de ligaba al portugués con Investfootball restringía la libertad del futbolista a la elección del empleo y de su desarrollo personal.

Poco después, el exdeportivista Angulo se vio en la misma tesitura. Siendo menor, había firmado un acuerdo con el mismo grupo, propiedad del empresario balear Bartolomé Curxach, según el cual se aseguraba 48.000 euros anuales a cambio, pero el fondo decidía su futuro cada temporada. «Me obligaban a jugar en Segunda División B cuando tenía propuestas mejores de Primera, del Granada», recuerda el jugador. Por eso, rompió su contrato para firmar por el Granada, con la consiguiente denuncia de Investfootball.

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