Un excéltico y un exdeportivista, primeros en ganar en el TAS

Vasco Fernandes y Brayan Angulo lograron liberarse en el tribunal deportivo de su grupo inversor


Antes incluso de que la FIFA prohibiera los grupos inversores, el TAS ya había creado jurisprudencia contraria a esta práctica considerada por muchos como esclavista. El primer laudo del tribunal deportivo tuvo lugar en el 2012 y su protagonista fue Vasco Fernandes, un exfutbolista del Celta.

El tribunal deportivo entendió que el contrato de ligaba al portugués con Investfootball restringía la libertad del futbolista a la elección del empleo y de su desarrollo personal.

Poco después, el exdeportivista Angulo se vio en la misma tesitura. Siendo menor, había firmado un acuerdo con el mismo grupo, propiedad del empresario balear Bartolomé Curxach, según el cual se aseguraba 48.000 euros anuales a cambio, pero el fondo decidía su futuro cada temporada. «Me obligaban a jugar en Segunda División B cuando tenía propuestas mejores de Primera, del Granada», recuerda el jugador. Por eso, rompió su contrato para firmar por el Granada, con la consiguiente denuncia de Investfootball.

El abogado cántabro, afincado en A Coruña, Ignacio Espinosa, que lo defendió ante el TAS recuerda la delicada situación: «Se enfrentaba a una indemnización millonaria por un contrato que nosotros defendimos en el tribunal deportivo que consistía en una actuación de esclavitud moderna».

El colombiano consiguió que el TAS no aceptara la renovación de su contrato con la firma con sede en Ginebra y quedó libre y jugó en el Granada sin necesidad de indemnización.

«Nuestra actuación en ese contencioso fue reconocido recientemente con la Estrella de Oro a la Excelencia Profesional 2018», destaca Espinosa.

¿Qué fue de los fondos de inversión?

Alexandre Centeno

Prohibidos por la FIFA en el año 2015, estos grupos a los que clubes de la clase media en apuros se agarraron como tabla de salvación, mantienen su actividad en el fútbol a través de nuevas fórmulas

La sentencia del Caso Bosman, publicada en diciembre de 1995, marcó un antes y un después en el mundo del fútbol. Este punto de partida en lo que podría entenderse como liberación del mercado de transferencias de jugadores iba a multiplicar, con el paso de los años, el número de operaciones de compra y venta de futbolistas. Y, como consecuencia, la aparición de nuevos actores en el mercado. Uno de estos son los fondos de inversión, que vieron en el fútbol una importante vía de negocio.

Alabados por unos, detestados por otros, estos grupos de carácter económico han sido la tabla de salvación de muchas entidades, a las que han permitido contar con importantes futbolistas a los que de otra manera les hubiera sido imposible optar. Sin embargo, la FIFA, en aras de la transparencia y la limpieza en el fútbol, inició contra ellos una guerra que dura ya diez años. En el 2015 aprobó la prohibición de que un tercero pudiera participar «parcial o totalmente del valor de un futuro traspaso de un jugador de un club a otro», lo que se traduciría en un duro golpe a estos fondos de inversión.

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