Calor de hogar para André

El Camp Nou se entregó al luso, que había aireado su pésimo momento anímico

Andre Gomes celebra el tercer gol del Barça junto a Messi
Andre Gomes celebra el tercer gol del Barça junto a Messi

«No me siento bien en el campo, no estoy disfrutando (...) Se volvió un poco un infierno». La confesión de André Gomes en la revista Panenka marcó la previa del segundo encuentro de enjundia en el calendario culé. El primero, hace dos semanas, había resultado un calvario para el futbolista portugués, abucheado por su parroquia hasta el punto de provocar la airada respuesta de Ter Stegen. En pleno duelo con el Atlético, se encaró con la grada el sobrio portero alemán. Sabía lo que se cocía dentro de su compañero; como Messi, cuando hace un año se negó a festejar un gol al Leganés, molesto por la actitud del soci con el centrocampista, señalado en la derrota de París frente al PSG.

Todos en la plantilla del Barça se han volcado discretamente en la recuperación del futbolista fichado al Valencia por 35 millones que se han ido multiplicando en forma de variables con cada éxito culé. Cada logro del colectivo ha ido añadiendo así peso la carga de André Gomes, haciéndole «pasar vergüenza» mientras su rendimiento se iba distanciando cada vez más de la inversión que lo llevó al Camp Nou.

«Me ha pasado en más de una ocasión eso de no querer salir de casa», reconoció el internacional luso en la conversación plasmada en papel. El periodismo, también en tela de juicio, cumplió esta vez sus tres funciones: entretuvo, con una entrevista sin desperdicio; informó de la difícil situación del jugador; y formó al público, empeñado en que el hasta ayer más denostado de los integrantes del actual plantel pudiera jugar al fútbol sin moverse del salón. En cuanto salió a calentar, la hinchada se entregó en una comunión favorecida por el marcador favorable. Cuando saltó al campo, supliendo al renqueante Busquets, recibió una ovación reservada a ídolos de la talla de Iniesta o Messi. Calor de hogar.

Valverde le hizo un favor, además, enfrentándolo a Moses, en el costado más débil del Chelsea, mientras Dembelé padecía a Marcos Alonso en la banda opuesta. Al francés le había dado suficiente vuelo su tanto y una prodigiosa intervención ante el carrilero madrileño del rival. Era a André a quien había que recuperar. Cada pase fue respondido con una muestra de cariño desde la grada, hasta que contagiado, el luso jugó con Alba mirando al tendido. Fue una acción inofensiva, en la medular, pero se celebró como un gol. «La reacción del público ha sido muy positiva», aplaudiría Valverde. Es cuestión de que el jugador dé pasos adelante». Ayer caminó de vuelta a casa y se la encontró alfombrada en hierba, repleta de gente que entre el montón de estrellas, lo señalaban a él. Ejemplo de lo que pasa en tantos equipos sin un altavoz como el del Camp Nou.

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