El borrón del hijo del entrenador

Solo el grave fallo de Christensen en un pase horizontal disimuló el mal encuentro culé


El padre de Andreas, Sten, tiene licencia de técnico. Prepara porteros en el club que defendió como jugador: el Brondby danés. Allí se formó también su hijo antes de fichar por el Chelsea, con solo quince años. Fue en la pequeña localidad cercana a Copenhague donde el proyecto de futbolista cuajó en zaguero. Donde alguien debió enseñarle los riesgos del pase horizontal en una posición, la suya, tan próxima a un gol rival. Una lección que se da por asimilada a la altura de categoría infantil y que ayer olvidó Andreas Christensen, el hijo del entrenador Sten, en el momento menos oportuno.

De tamaño lapsus vivirá el Barça en el duelo de vuelta, aliviado por error y por la gracia de Iniesta, especialista en apariciones en Stamford Bridge. Del golazo del 2009 al pase atrás de ayer. Falló un defensa al soltar la bola y otro, en la esquina opuesta, al medir. El cálculo de Azpilicueta se demostró equivocado cuando el central español del Chelsea se deslizaba ya hacia al balón. No coincidieron en la zona de impacto el pie y el cuero, que llegó al genio de Fuentealbilla, quien despreció el desmarque de Suárez y apreció el de Messi con ese ojo que lleva instalado en el cogote y destapa para jugar.

El 8 y el 10 culé celebraron su condición de pareja con más partidos de Champions a la espalda con un gol fundamental para un equipo que hasta ese momento (hora y cuarto de partido) no había chutado a puerta, por mucho que se empeñen en enmascarar el ejercicio de impotencia la estadística y Courtois. El meta despejó un chut de Luis Suárez que ya se marchaba a la izquierda de su portería, lo más parecido a una acción de peligro que permitió el espesor culé.

Conte ganó con creces la partida de ajedrez. Se jugó siempre donde y como quiso el conjunto local, perfecto intérprete de la fórmula del acordeón. Cada línea pendiente de la anterior para replegarse cerrando espacios o estirarse hacia Ter Stegen con orden y velocidad. No importó la noche oscura de Hazard porque Williams se iluminó de sobra, encendido por la solidaridad gremial. Sufrió el Barça como nunca esta temporada, falto de desborde y próximo a su segunda derrota del curso, esta frente a un rival que prometía más apuros en la vuelta que el Espanyol.

Palideció Paulinho y Valverde prefirió a Aleix Vidal que a Dembelé, síntoma del sospechoso estado del francés. Se llenaba de dudas el aspirante español al triplete y le ayudó a resolverlas el hijo de un entrenador danés.

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