Un ojo de halcón para la marcha

La Politécnica de Cataluña desarrolla con éxito un sensor que detecta la pérdida de contacto con el suelo

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Un chip rescatará a la marcha atlética de la principal sospecha que le persigue desde hace tiempo: la pérdida de contacto de los dos pies con el suelo contraviniendo el reglamento de la disciplina. La Universidad Politécnica de Cataluña recibió a finales de octubre del 2014 el encargo de la IAAF, a cambio de una ayuda de 68.000 euros, de desarrollar un sensor electrónico para poder detectar la pérdida de contacto con el suelo de un atleta en el deporte de la marcha. Y ese chip ha ya sido desarrollado y probado con éxito por marchadores de primer nivel. Solo falta que la patronal del atletismo mundial lo teste en un gran evento (Mundial o Copa del Mundo) con la idea de que entre en vigor en los Juegos de Tokio 2020.

Aunque poco ha trascendido del estudio, ya se conoce que el chip ha sido implantado en unas plantillas de un ancho mínimo (como el papel), que se colocan en cada una de las dos zapatillas del marchador y que es capaz de detectar si los dos pies están en el aire y de indicar, además, cuánto tiempo (milésimas de segundo) han estado. Las pruebas realizadas, además, confirman que es exacto al 100 %.

El mecanismo es sencillo. El chip envía datos al ordenador, que es el encargado de detectar si los dos pies están en el aire y cuánto tiempo ha permanecido el atleta sin contactar con el suelo.

Después de las pruebas iniciales por parte de la Politécnica de Cataluña, la plantilla fue testada por marchadores de élite, que no han notado ni la más mínima molestia y que apuestan por su implantación. Al principio, entre el gremio de marchadores había ciertos temores a que llevar el chip durante 20 o 50 kilómetros pudieran generar alguna molestia, pero en absoluto ha sido así. La prueba resultó un éxito.

La IAAF ya está al corriente del desarrollo del chip y recientemente envió a Barcelona a la australiana Jane Saville, marchadora y representante de Oceanía en la cúpula del máximo ente del atletismo mundial, que se mostró partidaria de su implantación y que catalogó de éxito la prueba realizada. «Apoyo la investigación de la tecnología par reducir la objetividad en el juzgamiento. En mi condición de miembro del Comité de pruebas de ruta de la IAAF, recientemente asistí a una exitosa prueba de la plantilla para detectar la pérdida de contacto que está desarrollando la Universidad Politécnica de Barcelona». La idea concuerda además con los preceptos de Sebastian Coe, el presidente de la IAAF, que considera clave modernizar un deporte que se había quedado anticuado. Tecnología y tradición no tienen por que estar enfrentados.

La plantilla está pensada para correr en cualquier tipo de superficie, tanto en la pista como en la ruta. La premisa, desde el principio, es que el sensor y la plantilla pudiesen encajar en cualquier zapatilla comercial sin ningún tipo de modificación.

Cambiar la normativa, fijar tiempo y revisar las faltas

El gran reto, antes de poner la iniciativa en práctica, es adaptarse a los cambios que conlleva y sobre todo, modificar la normativa de la disciplina por entero. El reglamento actual dice que «será falta cuando el ojo humano detecta la pérdida de contacto».

Está testado que eso sucede por encima de las 20 milésimas de segundo, pero con el chip el ordenador tendrá constancia de esta falta de contacto en 0,0 segundos. Un comité de expertos debe poner un listón al tiempo mínimo de esa pérdida de contacto e indicar en cuántas faltas se puede incurrir. Los entendidos consideran que ya no tiene sentido mantener las tres actuales.

Esto va a significar un retroceso de las marcas, como sucedió en otras modalidades revisadas, pero a cambio la disciplina, amenazada de exclusión del programa olímpico por las dudas que presentaba el juzgamiento ocular, va a ganar en credibilidad al dejar de ser un deporte subjetivo. El chip premiará a las escuelas más técnicas, entre ellas la española.

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