Ha sido un poco extraño. En el calentamiento me dio un tirón que me dejo bloqueada hacia un lado. Estuve con el fisio de la WTA y me trataron, pero no podía hacer más, estaba bloqueado. Quería salir a intentarlo, pero realmente no pude hacer más, no podía sacar».
Son palabras de Garbiñe Muguruza después de retirarse ante Svitolina cuando perdía 4-1 en Roma. Era su cuarto abandono del año. Antes, Brisbane, Dubai y Miami.
«Va a sonar raro, pero estoy contenta de que esta etapa haya terminado. Quería llegar lejos, pero ahora todo el mundo va a dejar de preguntarme sobre este torneo, va a ser como poder mirar por fin hacia adelante». De nuevo Garbiñe, esta vez tras perder con la francesa Kristina Mladenovic en octavos de final de Roland Garros. Reconoce sentirse liberada después de un año de constantes preguntas sobre su condición de ganadora en Roland Garros 2016.
Hablamos de una jugadora de 23 año y actual número 15 del mundo, de una jugadora con una impresionante carrera, de una jugadora que con 19 años era la número 53 en el ránking WTA. Con 20, top 20; con 21, numero 3; con 22 termina en la séptima posición. A los 21 años fue finalista en Wimbledon y en el 2016 ganóe Roland Garros.
¿Que le ha podido estar pasando a nivel mental a esta tenista? Pues, posiblemente, algo muy normal y muy sencillo: la adaptación al circuito profesional y a las exigencias que ello supone no son fáciles. Y más aún si los resultados son buenos en edades tan tempranas. Se generan unas expectativas, se cambia de pasar mas inadvertida en los torneos a ser un foco de atención. Más entrevistas, más preguntas sobre el rendimiento, mas titulares…
Toda persona lleva un proceso, una evolución que hay que respetar. No es fácil asimilar y adaptarse cuando todo pasa tan rápido. Se generan unas expectativas que hay que ir asumiendo poco a poco. Y no todo el mundo puede. La constancia y disciplina que conlleva el mantenerse a unos niveles físicos y mentales tan altos no es sencillo en edades tempranas, lleva un proceso, es algo que se entrena, y que va directamente relacionado con el proceso de asimilación y madurez del jugador.
Estoy segura que Garbiñe asimilará poco a poco el proceso. Cada vez más y mejor. Ella misma dice sentirse liberada después de perder en Roland Garros de este ano. Le ha costado asimilar, pero tiene capacidad mental de sobra, demostrada en anteriores ocasiones, para ir siguiendo el proceso. Está ya en segunda ronda de Wimbledon y no se hasta donde llegará, pero de lo que sí estoy segura es que habrá aprendido de lo sucedido. Porque al igual que la vida, la carrera tenística es un proceso. Un largo camino que empieza muy pronto y en el que cada día hay barreras y adversidades que afrontar. A veces se logra vencerlas y otras no. Lo importante es haber competido y analizar y aprender de lo sucedido. La vida y el tenis es un camino muy largo en el que hay que dejar desarrollarse a las personas, a respetar su madurez, su crecimiento, su ritmo.
Eva Borrás es psicóloga del deporte en la Academia Sánchez-Casal en Florida