Moncho López: «Moriré con las botas puestas»

Instalado en Portugal desde hace 8 años, se ve en un banquillo hasta que el cuerpo aguante


Emigró a Portugal en el 2008 para dirigir una selección que quería dar un paso adelante en el baloncesto europeo. Al año siguiente, Moncho López (Ferrol, 1969) se hizo cargo del Oporto y allí sigue, nueve temporadas después, con unos cuantos títulos en el bolsillo y la brillante reconstrucción del equipo. Confiesa que nada le ha hecho tan feliz en una cancha como los títulos de Liga y Copa de la campaña pasada con el Oporto, por encima de aquel espectacular ascenso a la ACB con el Gijón o la medalla de plata con España en el Europeo de Suecia (2003). Tanta como le produce su otra gran pasión, su hija Julia, que a sus cuatro años maneja con soltura la dualidad portugués-español, aunque a veces se sorprende de «ese portugués tan raro que habla el abuelo». A Moncho López le queda aún la actual y otras tres temporadas de contrato con el Oporto, en una institución que define como modélica y con la que se siente plenamente identificado. «Si vuelvo algún día (a España), pues vale,», acepta sin un ápice de nostalgia personal ni profesional por no sentarse en el banquillo de una competición puntera. «No hay entrenadores de una Liga o de otra. Somos entrenadores, estemos donde estemos». Y él, confiesa, está dispuesto a seguir hasta que el cuerpo aguante.

-Ya lleva más de ocho años en Portugal, ¿cuando llegó en el 2008 pensaba que estaría tanto tiempo?

-No, no lo pensaba. Cuando vine lo hice muy motivado, pero tampoco me puse un plazo para estar. Y mi ambición ahora mismo es estar el máximo tiempo posible. El club es maravilloso, la organización fabulosa, tenemos unas magníficas condiciones para entrenar... Quizá el torneo no tenga tanta altura como otros, pero estoy en un gran club, que juega para ganar títulos. Así que estoy muy feliz.

-No me diga que alguien que ha entrenado en la ACB o se ha sentado en el banquillo de la selección de Gasol y compañía no añora al menos un baloncesto de más nivel...

-Pues no. Quizá si no hubiera entrenado baloncesto de alto nivel, por aquello de saber cómo sería, podría echar de menos probarlo, pero lo conocí y no lo echo de menos. Aquí tengo lo que había allí.

-¿Y no se ha planteado el regreso?

-Si vuelvo algún día, pues vale, lo aceptaré, pero no porque piense que necesite entrenar en un baloncesto más potente. No hay entrenadores de una liga, somos entrenadores, estemos donde estemos. Así lo siento.

-¿Ha pensado muchas veces que podría haber estado más tiempo al frente de una selección con la que ganó la plata en el 2003, el inicio de un ciclo espectacular?

-Es inevitable, entre otras cosas porque me lo preguntan muchas veces... pero todo ocurrió así. La vida continúa.

-¿Le sorprende que doce años después, buena parte de aquel grupo todavía siga en activo, cosechando éxitos?

-No, no me sorprende. Me los he ido encontrando estos años y su trayectoria ha sido espectacular.

-¿Qué sucederá cuándo esta generación ya no esté? Nos han acostumbrado muy mal.

-No es fácil encontrar una generación así, separados por apenas un año de diferencia. Pero la selección va a seguir teniendo un gran nivel durante años. Quizá no con jugadores de la misma edad, pero sí con un alto nivel. De hecho, la transición ya se empezó hace tiempo, con la incorporación de jugadores que ya no eran del 80, como Rudy, Marc Gasol, Sergio Llull, Ricky, Ibaka...

-Y usted, ¿se ve como entrenador muy diferente al que era en el 2008?

-Me dedico a una profesión en la que cada año se es mejor, se crece siempre. Así que me considero mejor entrenador que hace 8 años, con más conocimientos en otras áreas, como la psicología o la gestión de grupos. Me veo más capaz de controlar la tensión y no he perdido energía por el trabajo del día a día, por entrenar. Mantengo el ímpetu por entrenar.

-Usted trabajó varios años con Moncho Fernández. Siguen siendo muy diferentes.

-Somos diferentes, cada uno tiene su personalidad. Pero aunque Moncho tiene la apariencia de vehemente, es bastante cerebral.

-¿Y se ve entrenando con 70 años, como Aíto?

-Me veo capaz. Me gusta mucho entrenar, el día a día.. Incluso no me costaría ser ayudante de otros. Moriré con las botas puestas, siempre, claro, que la salud me respete. Mantengo que la experiencia vital nos hace mejores. Así que por qué no entrenar a los setenta...

-¿Y volver a España?

-Podría ser. He tenido un par de veces la posibilidad de volver, aunque no se dio. Quizá porque ya estaba avanzada la negociación con el Oporto.

En corto:

-¿Un vicio confesable?

-El vino. Aquí además he descubierto los caldos portugueses. Bueno, tengo otro, casi una adicción: Internet. Estaría todo el día. La tecnología me ha enganchado.

-¿Y las redes sociales?

-Nada. No me atraen. Los entrenadores ya estamos muy expuestos, así que para qué exponerse más.

-¿Lee?

-Soy un lector compulsivo cuando encuentro algo que me gusta. Leo bastante literatura portuguesa actual.

-¿Y puede recomendar algo?

-Cualquier cosa de José Eduardo Agualusa, un escritor angoleño que me apasiona..

-¿Series o cine?

-Series, poco. El cine me gusta, pero no estoy totalmente a la última.

-¿Y música? ¿ Tiene tiempo?

-Sí. Al llevar tantos años en Portugal me había alejado un poco de la música española, ahora llevo unos meses enganchado a Iván Ferreiro, me entusiasma... Pero me gustan muchas cosas, Love of Lesbian, Lori Meyers...

-¿Alguna comida portuguesa?

-Es inevitable, no voy a romper el tópico. Bacalhao a lagareiro. Espectacular.

-Pertenecer al Oporto y no estar enganchado al fútbol...

-Sigo los resultados y siento el Oporto como mío, pero soy un ignorante total en fútbol.

-¿Casillas o Mou?

-No he tenido ocasión de conocer a Casillas, pero no me meta en ese compromiso.

-¿Messi o Cristiano Ronaldo?

-Voy a hacer mía la frase de mi presidente, que dice que Cristiano Ronaldo es el mejor jugador del mundo, porque Messi es de otro planeta.

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